viernes, 23 de septiembre de 2016

Crítica: Blackstar de David Bowie (2016)

Hay personas que han nacido con una estrella en esta vida para brillar incluso cuando están a un pie de dejar este mundo. David Bowie, está destinado a pasar a la historia como uno de estos, que igual que un Beethoven o Mozart, ha marcado una época de la música y ha sobrevivido a sus ires y venires. Pero al mismo tiempo y lo queramos o no, nos topamos con una persona que como tu o como yo pues le daba vueltas a la cabeza por sus problemas vitales y que viendo que le quedaba poco en nuestro plano decidió planificar una obra musical que reflexionara en buena parte sobre lo que se le venía encima, la muerte.

Haciendo un poco de recopilatorio de todo lo que he podido escuchar de Bowie, su música ha pasado de la rebeldia del folk y el glam de principios de los 70 (Hunky Dory, Ziggy Stardust, Aladdin Sane) a la experimentación en la segunda mitad de la década, como si estuviera buscando a ese misterioso "yo interior" que todos tenemos (Station to StationLow, Heroes, Lodger, Scary Mosters). Luego, algo le hizo chocar después de tanta exploración, como si se hubiera encontrado con alguna entidad que lo ahuyentó e hizo que se fuera a la música más pop rock de los 80 (Let's Dance, Tonight). Pero al llegar los 90 casi no se notaba a ese Bowie tan rompedor de dos décadas atrás e iba sacando discos que a ratos llenaban (Earthling) y a ratos dejaban con una mueca de pocos amigos (Black Tie White Noise). Toda esta divagación intentando reencontrarse duró hasta principios del nuevo milenio, cuando Bowie hizo un largo parón para reflexionar tras el disco Reality (2003).


Y como hace no mucho vimos, el periodo de reflexión de cerca de 10 años le fue de maravilla a Bowie, presentando The Next Day (2013), un esplendido álbum que reimaginaba algunas etapas de su pasado y modernizaba su sonido. Algo del Thin White Duke parecía volver a la vida y de nuevo un disco parecía tener la dignidad que merecen las obras de más calidad de Bowie. Pero fue acabar este disco para poco después, volver a trabajar en un nuevo disco que se uniría a sus circunstancias vitales. Su cáncer de higado, llevado en secreto, le hizo ver muchas veces cerca del precipicio y eso le despertaba muchas reflexiones vitales que necesitaba expresar en su arte. Pero claro, cuando Bowie hace las cosas bien, cuida sus canciones como si fueran orfebrería llena de inscripciones crípticas.

Una Blackstar, o enana negra se considera que es aquel tipo de estrella que ha colapsado y se ha consumido hasta ser un cuerpo básicamente invisible y muy frio, una reminiscencia de algo que en su momento existió. La canción nos está haciendo una reflexión de un Bowie que ve su propia muerte y reflexiona incluso de procesos rituales alrededor de ella. Bowie era un apasionado de las cábalas y de los conocimientos que trabajaba Aleister Crowley y aunque este misticismo le había conllevado algún disgusto en el pasado, digamos que este Bowie cercano a la muerte, parecía no temer ya nada. El videoclip con cráneos de joyería (idea de trascender al mundo divino) o las danzas y movimientos esperpénticos y sexuales de los espantapajaros ya nos hablan de una visión del mundo y la vida alejada de lo visible.

Todo el disco se baña en el mar del rock con elementos de jazz que refuerzan esta aura a ratos enérgica y a ratos misteriosa del disco. Y si bien hay temas como el homónimo que acabamos de ver que dan una sensación más teatral y grandilocuente, luego hay canciones como 'Tis a Pity She Was a Whore o Sue (Or in a Season of Crime), que van a unas formas más básicas de jazz rock. Pero como su cuidado por los detalles hacen que los mensajes incluso de estas sean profundos, ya que tratan temas como la promiscuidad y auto-críticas encubiertas a actitudes que había tenido en el pasado o también la hipocresía amorosa. Estas dos canciones se encuentran conectadas por su estilo y al mismo tiempo porque fueron presentadas juntas para el recopilatorio Nothing Has Changed (2014). Eso si, los dos temas han sido reinterpretados y con instrumentos añadidos para aumentar el tono jazz y experimental.

Lazarus es otra de las piezas clave de este disco, hablando en ella desde el ángulo de la muerte hacia la vida (como el personaje bíblico que de la muerte volvió a la vida). És un tema con un tono triste, funesto, un tanto inquietante pero al mismo tiempo se puede igualar a algunas de las composiciones más potentes de la carrera del músico británico. Es curioso porque esta canción parece que hace reflexión sobre si su temor a la muerte generaba otro cambio más en su música, como muchas veces antes le había ocurrido, pero con la esperanza de que fuera eso una forma de mantenerlo en la eternidad musical, vivo para siempre. Girl Loves Me, es una canción realmente oscura que puede hacer referencia a temas de prostitución o de una mujer que se va con hombres mayores por interés. Su tono tenso y sus frases con expresiones en Nadsat (jerga que se usa por algunos personajes de La Naranja Mecánica de Anthony Burgess), sólo aumentan las sensaciones extrañas pero al mismo tiempo refuerza el misticismo que ganará este disco con los años.


Con un sonido de jazz cuasi ambiental aparece Dollar Days, que sirve a Bowie como su reflexión sobre las decisiones que ha tomado a nivel profesional y artístico en su carrera, mientras recuerda por algunas frases que está llegando a la frontera final también a lo que se refiere su música. Entonces llega el punto crítico. I Can't Give Everything Away, el último tema de la carrera de David Robert Jones y una de las piezas más hermosas que ha sacado a la luz, emocionándome cada vez que la escucho. No es una canción suelta y decorativa para rellenar un disco popero barato, es realmente una última reflexión de un músico que sabe que marchará como Ziggy a su punto de origen. Incluso me duele en el alma ver que en su letra parece culparse de no podernos dar más música, pero respecto a esto sólo tengo algo que decir...

Gracias señor Bowie

Valoración: 🌟🌟🌟🌟✰ (Excelente)

2 comentarios:

  1. 'Blackstar' es un disco demasiado marcado por su momento de publicación. Aun no puedo escucharlo sin pensar en que era el testamento de Bowie. Pero aun así, no figurará entre los diez mejores, la cara B es muy inferior. De los discos post Scary monsters, lo mejor fue la dupla Heathen-Reality. Ah, y el Outside!

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  2. Buenas, aunque no coincidamos en criterio respecto a la calidad del Blackstar (mirando Dollar Days y I Can't Give Everything, me basta para estar feliz de la cara B) o los discos buenos post Scary Monsters, debo decir que tu opinión es muy respetable y aunque Heathen o Reality no me llenan, tienen momentos y retazos que me parecen muy buenos.

    Gracias por tu aporte y espero que sigas disfrutando del blog.

    Saludos

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