domingo, 11 de enero de 2015

Crítica: Modern Vampires of the City de Vampire Weekend (2013)

¡¡Ohh si, nena!! Este tio habla de Vampire Weekend, seguro que es un hipster como nosotros que idolatra Starbucks mientras curiosea su (aiaiai)-Pod. ¡Me escuece la camisa de franela cuando oigo esa barbaridad! Entre nosotros, ya no está de moda ser hipster, tiene demasiados seguidores, ahora lo que se lleva es... ¡Ser una persona normal, cagüen!. Pero entonces ¿porqué analizo a esta banda? Por una razón muy sencilla: son una de aquellas bandas que reflejan con mejor calidad nuestro tiempo.

Pueden ser simples y complejos, poperos (indie, claro está) o surfer rockers de primera fila. Hoy nos regalan una canción que sale en un anuncio de H&M y mañana una melodía que hace referencia al ateísmo que va apareciendo en la sociedad. Y es que sin mentir, cada vez la religión es menos la que impone los valores en la sociedad occidental y más las modas y gustos, que además, son bastante efímeros y caducos. Y oye, sobre esto solo diré algo, si has de ser bueno, que sea porqué tu quieres independientemente de si tienes un dios con el que pasar o no.

Lo interesante de todo esto es que en nuestra época de la glo(c)alización, falsamente nos hacen creer que nuestra opinión vale y que el mundo va a actuar para solucionar nuestros problemas. Pero ciertamente en un mundo en el que una relación puede acabar por Whatsapp, somos mucho más esclavos de lo que nos creemos. Algunos me preguntareis a que viene todo este discursito, y simple y llanamente os puedo responder que este es el mundo en el que vivimos y en el que ha nacido un disco como este. Y eso es muy importante, ya que todo aquello de lo que nos hablen sus canciones, si las entendemos, es muy probable que lo asociemos con la vida que nos rodea aquí y ahora.


Centrándonos más en esta banda nacida en Nueva York, es importante ver que con el que repasamos hoy ya son 3 los redondos que hemos podido saborear de estos jóvenes músicos. Un disco homónimo (2008) por el que muchos darían parte del riñón por sacarlo; colorista, divertido y renovador, su sonido mezcla del pop y de las músicas africanas daba vida a mis esperanzas de que se seguía produciendo música de calidad. Contra (2010), su continuación era otro disco excelso, que sabía tomar el estilo del disco anterior y enriquecerlo con fórmulas ochenteras, del dub e incluso lo psicodélico. Tenía momentos de grandes bases rítmicas y otros tantos de intimismo y experimentación.

Pero para este disco, se han tomado un poco más de tiempo ya que en el habían puestas ciertas aspiraciones y sobretodo los dos máximos compositores de la banda, Ezra Koenig (voz y guitarra) y Rostam Batmanglij (guitarra, teclados y coros). Como bien han dicho desde el momento de su publicación, este álbum es mucho más personal, maduro y pausado. Algunos dicen que han perdido su percusión africanizada, otros que es un disco complejo o a la postre un poco aburridos comparado con lo anteriormente visto. En este caso, estamos en uno de esos discos que necesitan tiempo de escucha, convivir con nuestros viajes al trabajo o estudios e invertir alguna escucha relajada con una cálida taza de lo que sea (de Monster, por ejemplo).

Curiosamente, la primera canción que pude escuchar de este disco fue Unbelievers el otoño de 2012, cuando aún le llamaban al futuro disco LP3 y todo parecían promesas sin concretar. No lo negaré, al principio me echó para atrás que la batería estuviera un poco mas apagada que los discos anteriores, pero al final de la canción la cosa se animaba y mis esperanzas con ella. A día de hoy me parece una canción sencilla, tratada con el encanto de un niño inocente de los que te miran al fondo de los ojos y con poco que haga ya sabes como es. Su factura es muy sencilla y tal vez es de lo que tanto hablaban Koenig y Batmanglij durante todas sus entrevistas, pero desde el primer momento, si prestas atención, se nota su parecido formal con Mansard Roof, pero con un sonido más espiritual y menos eufórico. Con Diane Young me pasa lo mismo, la escuché antes de escuchar el disco al completo y me dio una sensación de escuchar a los Vampire Weekend más sintéticos, electrizados y simplistas.No lo digo en el mal sentido de la palabra, sino, que estas características demuestran que con canciones más esquemáticas (que van a lo simple, sin sonido grandilocuente como M-79) y tranquilas saben mostrar su personalidad.

Ya desde el primer momento que empieza a rodar el disco te lo transmite y realmente suena a un disco que pretende dejar una canción a lo mas cercano a una idea más que cualquier otro de los que he oído hasta ahora. En Obvious Bicycle, lo que mas brilla entre su neblina instrumental es la voz con su mensaje, algo así como una invitación a un personaje inventado a que despegue y haga su vida independizada. Por esa razón, este disco da mucha potencia al envoltorio que rodea las letras, lo deja en su esencia y permite que brille la poesía sobre el mundo en el que vivimos y la forma de movernos por él. Step, me parece un poco la M-79 de este disco, con su aroma más sencillo pero con grandes dotes instrumentales y sobretodo con sus coros étnico-mántricos que corren por sus venas. Y con esta canción recuerdo una mentalidad que formaba parte de mi hace años; "nada puede ser preciosista si es simple, porqué el preciosismo es el relleno de detalles". A día de hoy solo puedo decir una cosa, mentira. Mentira, porqué una pieza como esta demuestra su preciosismo a través de la búsqueda de las 4 teclas correctas que te hacen sentir volar entre campanas y llegar al trascendente con un mensaje muy elaborado.

Pero si hay canciones que saben reflejar con soltura la mentalidad de hoy de la gente joven es Don't Lie. En ella se habla de la sensación de emergencia para hacer las cosas, de encontrar un amor que nos compense la frialdad del mundo en el que vivimos y sobretodo si fracasa de como perdemos la fe. Es una canción de tempo paciente y que pausadamente muestra una gran presencia de instrumentos de cuerda, pero sus lineas son mas punzantes que en otras melodías de esta banda. Pero al llegar la sexta canción, llega el cenit de los sentimientos y se expresa sobretodo en la parte vocal de el mismo.
Si, hablo de Hannah Hunt, una melodía muy apaciguada que habla sobre la ruptura y sobre las cosas que no son como uno se espera cuando inicia la relación. La voz de Ezra Koenig, se presenta absolutamente memorable con esa percusión muy africanizada al final del tema y que me presenta un momento de paz y brillo musical increíble. Igualmente, para nuestra fortuna la siguiente canción está aún mejor atada y se presenta como una de las grandes del disco, con un mensaje sobre la posición de Dios en el mundo muy lúcida. Everlasting Arms, es la clara afirmación de que mucha gente a día de hoy duda de la posición de la divinidad en un mundo en el que incluso su existencia causa timos, injusticias y guerras. Incluso duda de la necesidad de que un dios cree a gente que no crea en el.

Como podéis ver, esta crítica esta llena de planteamientos filosóficos y un estudio de algunas de las letras de este disco, ya que tal vez es el punto más fuerte del disco y es decir mucho cuando las melodías están tan mimadas. Pero y si aunque fuera por una o dos canciones, los Vampire volvieran a su esencia original en lo melódico, no hay problema, solo hace falta ver Finger Back y Worship You y tienes un binomio de canciones estupendas para recordar aquellos tiempos de Cousins y Bryn y a la vez darte cuenta que la paleta de colores de estos disco es más amplia de lo que uno podía esperar. De entre las dos, destaco la primera de ellas, que nos habla de una relación amorosa entre una estudiante judía y un chico árabe vendedor de falafel. Como dice Ezra Koenig: "Escandalizaba a su familia pero solo esperaba acabar con el. Es una historia a lo Romeo y Julieta".

Demos paso a la que considero a la canción más innovadora del conjunto, Ya Hey. Una canción que hace una referencia notoria a Yahvé y la falta de fe hacia el, mostrando un sentimiento de rechazo hacia el. Lo mejor de todo es que por lo que parece Ezra Koenig no es un creyente de pura cepa y con la canción de turno hace una referencia a los cambios de valores de la sociedad. Los ¡¡Ya Hey!! robotizados con ese sonido de pito, parecen hacer un poco de parodia de los cánticos que se les dedicaban en el pasado a los dioses por practicamente toda la sociedad (cuando religión era igual a imposición). Hudson y Young Lion, son por un lado una canción de tono apagado y misterioso que es una especie de metáfora sobre el rio Hudson que circula por la zona donde la mayoría de los músicas de la banda creció. Y la última canción digamos que es un cierre a todo el espíritu contenido del álbum en una composición tranquila y con algo de intimismo. En resumen, como hemos visto en estos párrafos estamos en un disco de piezas más meditadas y en conjunto más tranquilas con un profundo sentido filosófico y espiritual de la existencia, pero en ojos de alguien que vive con normalidad el día a día con sus anécdotas.


Como banda, Vampire Weekend me demuestra con este disco seguir manteniéndose en forma y sacar discos de muy notable factura, aunque su frasco de esencias crezca. Siguen siendo muy cuidadosos con la música que nos muestran y le dan más profundidad, haciendo que sintamos en ellos una gran madurez mental. Por eso, a día de hoy son una de esas bandas dentro de lo que es el pop/rock (ya no solamente indie) que me hacen creer en que se sigue haciendo música que con los años se recuerde, aunque me lo tengan que venir a recordar algunos gafapa(no puedo acabar de decir esto sino mataré mis principios). Eso si, hay algunos momentos que se me hacen un poco más pesados de escuchar y rompen un poco ese hermoso y tranquilo flujo que muchas veces nos demuestra tener, pero no por eso el disco deja de ser muy recomendable.

Nota: 7,8

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