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jueves, 9 de julio de 2020

Crítica: Emotion de Carly Rae Jepsen (2015)

Hay artistas a lo largo de la historia que han sido conocidos por sacar una canción muy conocida en su momento y luego caer en un limbo en el que todo su material siguiente era bastante ignorado por la mayoría de los que en su momento se sintieron atraídos por su hit en particular. Uno de los momentos en los que eso podría haber ocurrido fue cuando una joven Carly Rae Jepsen publicó su segundo álbum de estudio tras ganar la quinta edición de Canadian Idol. Kiss (2012) era el disco receptáculo de una canción pop clave de principios de los 2010’s, Call Me Maybe. Cualquier radiofórmula o televisión musical dedicada a los temas del momento la tenían que poner varias veces al día,ya que siempre estaba bajo demanda.

Otros singles del disco como This Kiss, Tonight I’m Getting Over You (que me parecen superiores a la canción de marras) o Good Time con la banda Owl City, no lograron el mismo boom comercial en el momento e hicieron temer que la fama de Jepsen fuera flor de una temporada. De haber sido así y alguien me hubiera preguntado por ejemplo en 2013 sobre la cantante, pues le habría dicho algo como: “¡Ah si! Aquella chica que saco unos cuantos singles simpáticos de pop en Tug of War (2008) y Kiss. Me gustan This Kiss y Bucket”. Así tan ligeramente hubiera dado carpetazo a mis impresiones sobre ella y hubiera seguido con mi mundana vida. Pero esta cantante no se achantó ante tal reto, agradeció el éxito recibido y trabajó arduamente en hacer música que a ella le llenara.

2013-14 sería su periodo para recoger los frutos de su éxito comercial y para actuar en el musical Cinderella (Cenicienta) durante doce semanas a principios del año 2014. Durante ese periodo de tiempo buscaría la inspiración en artistas como Madonna o Prince para ir creando ideas nuevas y rescatar otras que llevaban en el tintero desde 2011. Su trabajo componiendo le juntaría a grandes nombres de músicos y productores creativos con los que acabaría de redondear sus conceptos: Rostam Batmanglij, las hermanas Haim, Ariel Rechtshaid, Mattman & Robin, Greg Kurstin… Jepsen quería asegurarse de trabajar bien las canciones junto a artistas que ella admirase.

Ese ejercicio le llevó a tener 250 composiciones entre las que escoger para poner en el disco. Entre ellas, la que llamó Emotion fué la que le hizo decidir que su disco tenía que tener un sonido influenciado por los años 80. Y en lo que el proceso de selección de canciones se refiere, citaré a la propia cantante en una entrevista para el programa de radio q on cbc

“Se hizo fácil reducirlo a 40 ya que buscaba aquellas canciones que más representaran el álbum de forma cohesiva, para que tuvieran un tema común y la gente se lo quisiera escuchar de principio a final. Pero a partir del top 40, la cosa ya era más complicada y empecé a mandar cintas con esas canciones a mi gente de confianza. Mi hermano escuchó las 40 canciones y me mandó una crítica de tres frases para cada una de ellas y mi hermana tenía un sistema de evaluación de 1 a 5 estrellas. Todos tenían sus favoritas y a la hora de cenar se generaban debates muy apasionados sobre cuales poner en el disco. He querido que hubieran canciones para todo el mundo; tanto alegres, como más profundas en las que demostrar cómo ha madurado mi estilo”.

martes, 30 de junio de 2020

Crítica: Women in Music Pt. III de Haim (2020)

Justo ahora que estoy en un proceso de analizar mucha música que nos ha dado la década pasada, he profundizado en una banda de la que había escuchado algún tema suelto y sabía de su existencia pero nunca había dado el tiempo de escucharme un disco suyo con detenimiento. Me refiero al proyecto musical de las hermanas Haim, una banda nacida de un ambiente hogareño muy atado a la música y en el que ya desde muy jovencitas se las animó a expresarse con instrumentos. Sus padres Moti Haim (exjugador de fútbol y músico israelí) y Donna Haim tendrían su propia banda de covers llamada Rockinhaim en la que las dos hijas mayores, Danielle y Este, tocarían en fiestas junto a ellos.

Cuando Alana (la tercera de las hermanas) fue lo suficientemente mayor, se plantearon de formar una banda juntas que tomaría el apellido de ellas y aunque su debut discográfico se haría esperar (debido a las tareas de guitarrista en vivo de Danielle Haim con Julian Casablancas de The Strokes), en 2013 presentarían Days Are Gone con el aplauso de buena parte de la crítica especializada. Pero el tiempo ha pasado y estamos en 2020 (lo curioso de que la vida avance) y la banda nos presenta su tercer disco de estudio, el cual llevaban adelantando desde la segunda mitad de 2019. Si a parte le sumamos que su publicación se ha retrasado de abril a junio, me puedo hacer cargo de las expectativas que ha levantado entre la gente que esperaba nuevo material desde 2017.

Un equipo amplio

Al igual que otras bandas en la historia, Haim tiene a ciertos colaboradores en el estudio que ayudan a hacer brillar sus composiciones. Esto es clave entenderlo ya que en este caso considero que juegan un rol de hacer más sofisticada la fórmula de este conjunto. Por un lado, Ariel Rechtshaid (productor con sobrado renombre en esta última década) que ha trabajado para músicos de la talla de Vampire Weekend, Adele, Charli XCX o Carly Rae Jepsen. Siendo este también pareja de Danielle Haim, ha colaborado muy de cerca en la escritura de sus canciones desde su primer álbum en 2013. Su rol de productor compositor es compartido por otro viejo conocido suyo, Rostam Batmanglij.

Rostam (productor y ex integrante de Vampire Weekend) se unió a Haim y a Ariel debido a la buena química que se había producido con este último tras la grabación de Modern Vampires of the City (2013) con Vampire Weekend. La lista de álbumes de diferentes artistas donde Rostam y Ariel coinciden haciendo alguna tarea de composición o producción hasta la actualidad resulta abrumadora y de alguna forma era un combo lógico que se tenía que dar. Ya en el disco de 2017 de Haim, Something to Tell You, Rostam y Ariel estarían trabajando como combo de alguna manera en 4 de los temas del disco, pero en esta ocasión, la cosa se amplía a todo el grueso del álbum.

Este, Alana y Danielle Haim

martes, 2 de junio de 2020

Crítica: After Laughter de Paramore (2017)

Voy a abrir esta crítica admitiendo abiertamente que Paramore no ha sido una banda que me haya llamado la atención durante su periplo discográfico hasta nuestros días. Si bien he podido escuchar algunas de sus canciones y no parecerme malas, no he tenido ningún tipo de conexión especial más allá de que las pusieran en los Rock Band o Guitar Hero de turno y me las quisiera sacar al 100% con la guitarra. Pero la vida pasa y las recomendaciones de YouTube también… Un cálido día de 2018 (o frío, es un decir) me apareció la sugerencia de que escuchara un tema del más reciente álbum de Paramore ¿que podía perder? 

Spoiler: Nada, a partir de aquí para mi era todo ganar.

Pero dejemos de lado mi anécdota de ser mundano ante un ordenador por un momento y vamos a ponernos en el ángulo de la banda con este disco. Paramore en 2013 sacó su álbum homónimo y después de años siendo vistos como esa banda de punk pop y power pop de gente joven liderada por la cantante Hayley Williams (talentosa pero juvenil), por fin parecían llegar a una cierta madurez musical. Esa madurez que había llegado tras la salida de dos de sus integrantes, los hermanos Farro (guitarrista y baterista), los dejaba como un trío que usó su momento de cambio para dar un importante paso en su carrera.

Y es curioso, porque recuerdo esa época y lo importante que parecía ser para ellos, ya que por esa época se publicaron un montón de videos dedicados a analizar ese disco y a entrevistarles en radios o galas donde eran invitados por YouTube. Pero de nuevo, no conectaba con su música (nada que ver con que la considere mala), es decir, era consciente de que estaban siendo exitosos pero simplemente era un espectador mirando de lado lo que pasaba en el mundo mainstream y siguiendo mi camino. Pero en ese punto de ver florecer el éxito de su obra (hacia 2015), la banda sufriría una buena implosión.

Deconstrucción y reconstrucción

El bajista de la banda Jeremy Davis saldría de la formación en 2015 acompañado por una batalla legal por sus derechos en las canciones que se alargaría hasta 2017. Sumemos que Hayley Williams ante toda la tensión en el seno de la banda, la abandonó temporalmente dejando a Taylor York (guitarrista) como el único miembro de la misma. Pero Williams regresaría y en 2016, York retomaría su amistad con el antiguo batería de la banda, Zac Farro, y este se reincorporaba en 2017 para las grabaciones de este disco y la composición de algunos temas. El ciclo se cierra con el divorcio de Hayley Williams en 2017.

Otro elemento especial que se añade es que en el momento que se decidieron a componer música, York intentó tirar por el estilo que había caracterizado hasta entonces a la banda (punk pop) pero no surgían ideas lo suficientemente buenas. Pero a la que dió paso a un estilo más ligado al new wave o synthpop de los 80, fué cuando se encontró componiendo con más soltura. York, estaba desconfiado que este estilo encajase con Paramore, pero Williams aunque al escuchar sus creaciones empezó dudando, luego entendió que era el camino a seguir. Con la entrada de Zac Farro, este entró en sinergia por el nuevo sonido y haría sus aportaciones a nivel creativo.

Taylor York (amarillo), Zac Farro (azul), Hayley Williams (rojo)

lunes, 19 de septiembre de 2016

Crítica: Every Open Eye de CHVRCHES (2015)

Estamos en una época en la que bajo la electrónica, muchas bandas esconden su falta de sustancia o pasión. Y por mucho que lo quieran esconder al final se descubre antes a un mentiroso que a un cojo. Pero afortunadamente, hay bandas que han sabido usar el synthpop como un medio para dar una paleta de colores muy especial a su música. En la isla de Gran Bretaña y sacando del radar la inglesa ciudad de Londres nos encontramos las tierras escocesas de Glasgow, donde una banda de este género ha sabido captar mi atención. 

Y es que Chvrches es de esa bandas que han sabido beber de las fuentes adecuadas, teniendo de referentes a bandas y artistas como Eurythmics, Prince, Madonna, Cyndi Lauper. Depeche Mode o Whitney Houston. Al mismo tiempo, ellos tienen una identidad que fuertemente remarcan haciendo que todo lo que ellos han visto de bueno en sus maestro lo adapten a su fórmula y no al revés.


Lauren Mayberry, Iain Cook y Martin Doherty ya sorprendieron a la crítica con su anterior disco, The Bones of What You Believe (2013) dejando un buen sabor de boca y a la espera de más. Desafortunadamente, la banda no empezó a formar parte de mi ecosistema musical hasta la aparición del disco que hoy vemos, que poco a poco se fue trabajando junto a su antecesor la opinión que hoy tengo sobre la banda. 

El sistema de grabación de los dos discos me parece de lo más interesante, ya que estos fueron elaborados en un sótano que Cook consiguió y en el que estan los Alucard Studios donde por cuatro chavos podían producir sin preocuparse en exceso del dinero. Durante el proceso se grabaron 21 canciones quedando 11 de ellas para el disco, buscando que en el disco se percibiera la espontaneidad del proceso en el que no buscaron ningún músico extra para reforzar la idea de banda.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Crítica: Diamonds and Pearls de Prince (1991)

Dos de las figuras más camaleónicas de la música de los últimos 50 años nos han dejado no hace mucho. Primero David Bowie, un avanguardista dentro de la música popular que supo entender el sentir de diferentes décadas en lo que a estilos se refiere y destacando claramente a finales de los 60, todos los 70, 80 y los últimos 5 años. El otro grande, Prince. Y es que Prince Rogers Nelson, cumple el mismo rol que Bowie dentro de la música negra de los últimos casi 40 años, llegando a colarse entre lo mejor de la música popular y disputándose contra titanes como Michael Jackson, Madonna o Phil Collins, por poner algunos ejemplos.

Pero es curioso como si bien se han mitificado muchos de los discos de los años 80 de Prince (o cualquiera de sus tropocientas nomenclaturas); los 90 fueron una época valiosísima para este artista, pero de la que no se realizan rediciones discográficas como se precisaría, llegando a valer algunas de sus obras en vinilo incluso centenares de euros. Hoy trataremos el disco que empieza la traca buena que el músico de Minneapolis hizo a principios de los 90. Y debemos entender que alrededor de este disco se presentaba un panorama musical en plena evolución y en el que se daba mucha importancia a la música alternativo y a los estilos callejeros (rap, hip-hop) o que hasta el momento eran de las subculturas (grunge).

En ese momento de transición, Prince decidió crear una nueva formación de músicos con la que se rodearía la New Power Generation y de la que ya daría alerta en su anterior disco Graffiti Bridge (1990). El cantante y multiinstrumentista, ya llevaba algunos discos trabajando en sonoridades muy ligadas a lo urbano, creando un cocktail que ya estaba refinando desde los tiempos del Sign o' the Times (1987). Por el otro lado su competidor más directo, Michael Jackson, sacaría poco más de un mes más tarde su disco Dangerous (1991), que confirmaría por parte del artista más comercial de su tiempo el nuevo rumbo de los hits musicales. Entonces se nos presenta conveniente repasar ágilmente este disco para ver a través de sus canciones esta capacidad de transformación musical que Prince poseía.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Crítica: Emotion Side B de Carly Rae Jepsen (2016)

El año pasado me sorprendí muy gratamente del disco publicado por Carly Rae Jepsen, E·MO·TION. Una artista de la que no me esperaba nada más que pop chicle (pop comercial para adolescentes y sin mucha calidad), apareció con uno de los discos de pop/synthpop que más disfruté el año pasado junto al disco de CHVRCHES, banda de la que hablaré muy pronto. Un disco que visto aún desde la cercanía, sabía trasladar el aroma de los años 80 sin dejar de sonar moderno y con ideas muy frescas. De alguna forma se podía sentir que la época del Hi-NRG había vuelto (estilo de música pop basado en la motivación, el baile y el ritmo divertido). Por eso al enterarme de que la artista ha publicado un EP de canciones descartadas del disco, pensé que era hora de darle una nueva oportunidad.

¿La New Retro Wave?

Pero es importante tener en cuenta que Jepsen sabe hacer que su música no sea una mera imitación de unas formas clásicas, sino unos principios bien aplicados a la identidad musical del ahora. Hay un portal dentro del mundillo bandcamp que se llama New Retro Wave Records, discográfica que promueve artistas con el sonido ochentero en la actualidad y que nos serviría para poner nombre a esta nueva corriente de synthpop que resurge. Lo que ocurre es que esta new retro wave, tiene dos vertientes, la modernizada que aplica Jepsen o CHVRCHES y luego otra tendencia más purista que siguen bandas como Miami Nights 1984 o OGRE, en la que se emulan casi clavados los sonidos y melodías de hace ya 30-35 años. Es curioso como generaciones de veinteañeros, volvemos a recorrer el mismo camino que nuestros padres con la misma edad.



Lo que debemos reflexionar en este caso es, que nos parece más adecuado: ¿Hacer réplicas de Ford Sierra Cosworth como en los 80 o crear nuevos modelos de coche que hagan homenaje sin perder nuestra identidad contemporánea?. Es un tema y pregunta que me viene muy en mente debido a que mucha gente se está quejando de una falta increible de creatividad en nuestros tiempos y al constante rescate de las viejas glorias para mantener vivo el arte. Pero muchos afirmamos que es muy, muy difícil hacer algo totalmente nuevo y que lo normal (y no por eso negativo) es aquellos que toman sus referentes y los saben conjugar con su espiritu musical, generando una evolución, es decir, un arte que va en círculos ascendentes a lo largo de la historia. Con esta premisa fijémonos ágilmente en este disco...

domingo, 29 de mayo de 2016

Crítica clásica: Breakfast in America de Supertramp (1979)

El corazón me sigue dando un bote en cada ocasión que le dedico un poco de tiempo a este disco. Breakfast in America, podría decir que ha formado parte de la banda sonora de mi vida y guardo una relación muy especial con él, como ese hombro en el que apoyarme cuando necesito vitaminas de las más efectivas. Pero sería estúpido pensar que soy el único de estos lares que ha vivido grandes experiencias junto a estos poco más de tres cuartos de hora de música, por eso, hoy me quiero parar a analizar la calidad de su contenido y la enorme influencia de con seguridad, uno de los mejores discos que se concibieron en la década de los 70 y que paradójicamente venía a renovar el sonido de una época que en buena parte ya se estaba terminando. Hace más de un año, analizamos la última gran obra de esta banda, pero en esta ocasión dejaremos espacio a lo que fue la cúspide comercial de probablemente una de las mejores formaciones musicales de todos los tiempos.

Roger Hodgson y Rick Davies eran el motor de la banda y aunque claramente habían roces, decidieron compactarse como músicos para hacer florecer un nuevo disco, tras el estupendo Even in the Quietest Moments (1977). De alguna forma, este nuevo proyecto que en principio se tenia que llamar Hello Stranger!, debía servir como un disco donde canalizar musicalmente las formas diferentes de enfocar su realidad y las tensiones que existían entre los dos compositores. Pero a medida que la composición del disco avanzaba, Roger Hodgson quiso reconducir a Rick Davies a un lado un tanto más dulzón y pop, dentro de lo progresivas que eran sus composiciones. La banda tenía que ir convenciendo a Davies de que se enfocara en un sonido más pop, más divertido y asequible. Por el papel que jugaba en la banda, se puede entender que quien también daría un cierto apoyo a este sonido más alegre del disco, sería el John Helliwell (saxofonista) debido a su carácter alegre y en buena parte pacificador.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Crítica: Salad Days de Mac DeMarco (2014)

Hasta las personas más elegantes del mundo tienen días desaliñados; días en los que te combinas fatal las zapatillas y el pantalón cutre de pijama con ese fajo de pelo que se ha quedado levantado como la cresta de un gallo y que le llamamos el "quiquiriquí". Pero maravillas de la ciencia o de yo que se el qué, a día de hoy lo que es un poco dejado mola o al menos no te salta la inquisición encima para acusarte de brujo. Estamos en el siglo XXI, un periodo en el que la electrónica inunda hasta la más diabética de las ramas del pop, por esa razón y por la superficialidad de lo comercial, muchas veces reclamo ese sonido casero, tranquilo, de sonrisa emporrada y de imperfección aparente. En ese perfil encaja un joven chaval canadiense que tiene por estilo de vida el despiporre y el no dar explicaciones de nada a nadie, pero eso si, emanando una especie de luz y alegría que pocos artistas saben traer a la música actual. Mac DeMarco representaría el tío con el que no es tarea difícil tener un rato de colegueo, compartir un porrete y cantar tres o cuatro canciones jangle en algún local o polígono abandonado.

Pero no nos llevemos a engaño, ya que este hombre tiene algo bastante interesante que aportar a nivel musical. Su estilo musical une de forma muy sutil la fórmula indie con ciertas raíces camperas/folk que hacen de su música algo sencillo de forma pero pegadizo de una forma un tanto indescriptible. Rock and Roll Night Club (2012) y 2 (2012) eran su carta de presentación y toda una declaración de intenciones a nivel estiístico. Algunos dicen que la música de DeMarco se ha descrito como blue wave (oleada tristona) o slacker rock (rock vago) por ciertos especialistas, pero el propio músico le ha llamado jizz jazz (semen jazz). Todo eso se debe al espiritu tranquilo, feliciano y autocomplaciente de las melodías. Pero la mejor forma de entender el sonido de este hombre es entrar en materia con su disco Salad Days (2014), que en buena medida encumbra las intenciones de sus primeros discos.

viernes, 29 de enero de 2016

Crítica: The Next Day de David Bowie (2013)

Cuando tengo la oportunidad, me gusta salir de lo coherente para simplemente hacer aquello que mejor me describe. En el caso de la crítica que os he decidido presentar ocurre eso. Lo normal es que cuando muere un músico de muy alta estima que ha sacado algo recientemente, pues se mire aquello que es o de más rabiosa actualidad o que se haga un homenaje a aquellas grandes creaciones que en su momento lo elevaron al Olimpo artístico. Bien, pues a mi no me apetece. Y si, se que algunos mirareis esta critica como el que abre la nevera, ve un yogur caducado de hace dos semanas y se plantea si aún está comestible; pero amigos, yo soy de los que coge una manzana y va viendo como coge moho y cambia de color, para ver lo que su entorno y el tiempo hacen con ella. Eso ocurre, porqué vivimos en un mundo que sigue la filosofía de infravalorar o encontrar un tanto inoportuno aquello que ya tiene un sucesor y que no tiene tanto tiempo en su haber. Los móviles se quedan anticuados en nada (bueno, nos fuerzan a creer eso), las tecnologías son sacadas al mercado a cuentagotas, para obligar al consumo constante, ideas incompletas, actualizaciones de pago, más de lo mismo con un nuevo nombre... E incluso estamos haciendo esa tortura a la música, un arte que se supone que se queda ya como legado a partir de su salida, que habla de su tiempo y del artista. En el caso de The Next Day, estamos ante una realidad evidente.

Para mi gusto, un homenaje bueno siempre será aquel hecho de corazón y de forma sincera. Y hablar de Blackstar (2016), cuando aún no he vivido con él lo suficiente para valorarlo, no sería una forma sincera de decir adiós. Y es que hoy quiero encontrarme como despedida de uno de mis artistas mas admirados, con sus reflexiones en una edad veterana de la vida, pero sin el dramatismo aún de la muerte. Curiosamente, aquí nos encontramos con la faceta contraria. Bowie empezó a trabajar en este disco después de años sin publicar nada, por su ansiedad de demostrar que seguía vivo y que le quedaba mucho que ofrecer al mundo a nivel de música. Creo que es esa, la faceta con la que me quiero quedar y con la que os introduzco en este texto en el que me voy a permitir sentir y revivir todo aquello que este disco me regaló. Eso si, soy crítico y aunque me gusta vivir y tratar con sinceridad lo que hablo, todo se debe ver con perspectiva y como cada disco, debe ocupar su puesto de valor según su calidad.

jueves, 9 de abril de 2015

Crítica clásica: Duke de Genesis (1980)

Tal vez soy un poco incoherente a la hora de escoger discos, si lo que quiero es que se entienda la evolución de una banda. Pero en este cuarto mes que llevamos juntos con el blog quería mostraros uno de aquellos discos que tejió mi infancia. Muchos conocemos Phil Collins en su faceta de músico en solitario y evidentemente llegó a grandes cotas de popularidad con sus discos, pero la auténtica química con el la tuve cuando descubrí Genesis. Y poca broma, Genesis es de aquellas bandas que ha sabido tocar muchos palos en lo musical y ganarse un sitio de oro en la historia de la música de los últimos 50 años.

Genesis tubo 2 etapas muy marcadas con 2 vocalistas diferentes. En la primera etapa con el teatral Peter Gabriel (1969-1975), tuvieron una estética más medievalista, de cuentacuentos, de grandes letrados con unas brillantes dotes musicales en la que destaca la alineación de músicos: Mike Rutherford (bajo), Tony Banks (teclados), Steve Hackett (guitarra) y Phil Collins (batería). Discos como Nursery Crime (1971), Foxtrot (1972), Selling England by the Pound (1973) o The Lamb Lies Down on Broadway (1974). Sus brillantes discos fueron interpretados en conciertos protagonizados por un Peter Gabriel que se disfrazaba de los personajes de las canciones, ofreciendo a ratos momentos vistosos y en otros momentos, escenas esperpénticas que no acababan de cuajar con el resto de la banda.

Por esa razón hacia 1975 entre diferentes tensiones y con el nacimiento de la hija de Peter Gabriel, este deja el seno de la banda para tiempo después empezar su destacable carrera en solitario. Pero dentro de la banda se quedarían los otros cuatro miembros, que procurarían mantener la esencia de la banda en los dos siguientes discos: A Trick of Tail (1976) y Wind & Wuthering (1977). Antes de grabarlos, no sabían a quien poner al frente de la banda, pero haciendo uso de la lógica y viendo la implicación y voz de Phil Collins (tan pareja a la de Gabriel), lo tomaron como la voz de la banda. Pero un miembro más abandonaría el barco, Steve Hackett. Con su marcha, la banda empezaría a dar un viraje importante hacia la música más comercial con sello progresivo, este sería el caso de los discos ...And Then There Were Three... (1978) y el disco que hoy vemos, Duke (1980)

Phil Collins, Mike Rutherford y Tony Banks... entonces ya solo eran tres (1979)

viernes, 3 de abril de 2015

Crítica clásica: Thriller de Michael Jackson (1982)

Todos tenemos nuestros referentes Hay algunos que sirven a título individual, pero otros lo son para generaciones completas. Como hablamos de arte y en concreto de música, en la actualidad hay muchos músicos que siguen las bases de hace 30, 40 o 50 años para tirar adelante con sus carreras musicales. Pues he aquí uno de esos que se nombran en cualquier conversación decente sobre historia del pop. El disco más vendido de la historia, uno de los mejor valorados y bla, bla, bla... Pero con el tiempo que hace desde su salida al mercado (33 años), es hora de que me embarque a tratarlo, porqué lo fácil es citarlo por aquí y por allá como un estudioso de Michelangelo hablando de como Vasari nombra al pintor (haciéndole la pelota descaradamente).

Aquí venimos a ser justos con un disco que marcó un antes y un después en la industria, pero que en realidad tubo su proceso, primero el de maduración del artista y luego el de creación y ensamblaje de un disco complejo y muy trabajado, que no sólo es merito del hombre que vemos en la portada, sino también de un entorno que lo condujo a triunfar. Porque ¿quien no conoce a Michael Jackson? Pues probablemente alguien que haya dedicado su vida a la reclusión alejada de la humanidad y aún así creo que con resignación, tiene pistas de quien es (o más bien era) este afroamericano cantante (decir negro no es racista, pero válgame la corrección). Pero este sin duda debe ser uno de los discos que más lo ha puesto en el ideario de la gente de a pie.

Para entender su contenido nos tenemos que imaginar a un Michael de veintipocos con una dilatada carrera que recorría desde su infancia. De golpe y porrazo, tras unos cuantos discos en solitario normalitos, tirando a buenos, saca un disco que golpea muy fuerte gracias a la batuta disciplinada y perfeccionista del productor y músico Quincy Jones. Off the Wall (1979) empezaría una etapa dorada de Jackson, que sobrepasaría todo lo que había hecho en solitario o junto a sus hermanos en The Jacksons. A día de hoy el disco ya cuenta con más de 20 millones de copias sueltas por el mundo y sigue creciendo. Una exitosa gira le siguió, pero entonces la clave era saber como hacer un producto que diera la talla respecto al disco anterior e incluso superarlo, ya que el cantante lo deseaba.

Michael Jackson junto a Paul McCartney colaboraron durante estos años

lunes, 30 de marzo de 2015

Crítica: Rebel Heart de Madonna (2015)

Hace ya 10 años fue la última vez que me sentí ilusionado con un disco de Madonna, con el energizante Confessions on a Dancefloor (2005). En ese momento sentía que la diva del pop estaba perfectamente en sintonía con la electrónica pop del momento y que sabía colocarse en primera linea aún siendo una mujer cuarentona (demostrando que se puede ser muy joven con esa edad). Pero si en esos tiempos era una gran y vanagloriada veterana del sector, hoy lo es mucho más, de veterana.

Lo segundo ya no tanto, debido a un conjunto de discos más conformistas y menos auténticos que en opinión personal han apagado un poco la llama de la nueva Madonna del siglo XXI. Y es que ese es el dilema, la artista que tenemos a día de hoy es una persona que en su momento fue toda una revelación en el mercado de la música popular. Pero hoy en día se ha convertido en una más de esos grandes nombres (a nivel de fama) que vende por su nombre. Aunque es una figura que seguirá vendiendo tickets para sus conciertos y conseguirá casi plenos, hemos de admitir que eso se debe más a su legado pasado que a sus logros actuales a nivel compositivo.

Recuerdo que en Hard Candy (2008) se fusionaban aciertos del disco del 2005 con grandes lacras del chicle pop actual, haciendo que el disco perdiera la contundencia del anterior. MDNA (2012) me parecía por otro lado un disco que exploró sonoridades interesantes, pero muy petardo y banal. Por lo tanto dos discos para llenar arcas, pero dos balas que aunque podían haber demostrado al mercado el baremo de calidad mínimo, se desaprovecharon lastimosamente. Y no es que pretenda atacar gratuitamente a la artista pero con la edad que tiene y por la pose que siempre demuestra me creía que sacaría discos más comprometidos en la causa de hacer una música accesible pero sofisticada.


Hoy hago esta crítica en post de ver como ha encaminado su carrera con el nuevo trabajo y si considero que va a tener alguna trascendencia o va a ser un mero disco más de Madonna. Como bien os dije unas críticas atrás, existe un mercado musical que se le puede denominar el AAA y que son aquellos artistas que por la seguridad que dan a las discográficas, se invierte más dinero en sus discos sea a través de mayor nivel de producción y instrumentación o a través de un mayor nivel de publicidad por televisión, radio fórmulas o incluso cine. Por esa razón soy el primero en exigirle más a esta música, ya que es la que va a influenciar a los que no son demasiado adeptos a investigar ni que sea un poco de música y que se dejan llevar por los 40 Principales.

lunes, 2 de febrero de 2015

Crítica clásica: ...Famous Last Words... de Supertramp (1982)

Cuando se termina una etapa en nuestra vida, muchas veces nos sentimos descolocados y más cuando es una ruptura. En el panorama musical eso también ocurre y en muchos casos hace mella en la personalidad de la banda, en el ambiente que se percibe. Muchas veces desde que se da la ruptura hasta que ocurre la despedida de un miembro de una banda hay un proceso y en este caso fue la grabación de un disco.

Lo que ocurre, que en este caso es un disco que fue el precedente de la que considero mi segunda infancia. Un momento de mi vida en el que recuperé las ganas de ir por el mundo sonriendo y aprender a ver la vida de nuevas formas e incluso conocer al que sería mi primer amor. Igualmente, algunas de sus canciones estaban grabadas en mi memoria desde hacía muchos años. Era un proceso de redescubrir mi niñez pero con un poco más de inteligencia y criterio y con una de esas me volví a enamorar del sonido de Supertramp como cuando era un niño de 6 años.

Lo mas bonito es que la niña de mis ojos acabó siendo uno de esos discos que para muchos fans de esta banda supone una encrucijada contra sus principios. Aparentemente no me había enamorado de la mas agraciada del patio con este álbum. Por eso mismo, empecé a leer tanto como pude sobre él para entender que escondía su proceso de composición. Pero para los que no sois muy seguidores de esta banda creo que merece la pena que os haga una pequeña presentación. Supertramp es una banda que a lo largo de los años 70 contribuyó en la música popular dentro del género progresivo, generando una música que podría ser tildada de pop/rock con diferentes cambios y progresiones que nos llevarían al llamado muchas veces pop progresivo (esta valoración es personal no acepto devoluciones bla, bla, bla...).

No hablaré de todos sus precedentes, sólo de la etapa en la que creo que se enmarca este álbum y que fue bastante complicada para los integrantes. Supertramp tenía dos mentes creativas muy potentes y a la vez dos identidades musicales y vocales: Rick Davies (piano y voz) y Roger Hodgson (piano, guitarra y voz). Además John Helliwell (saxo, teclados y coros) que le daba mucha personalidad al sonido de la banda. En definitiva, todo esto se estaba tambaleando por los conflictos de Davies y Hodgson desde la concepción de su anterior disco, el aclamado Breakfast in America (1979). En este disco alcanzaron sus mayores cotas a nivel comercial convirtiéndolo sin exagerar en el bombazo de su año y un techo difícil de alcanzar. Sólo podían estancarse o huir por la tangente.

Las cosas no eran sencillas en el seno de Supertramp, aunque tampoco
quería poner una foto de ellos con cara de vikingo sediento de sangre
 para reflejarlo. (Helliwell, Davies, Hodgson, Siebenberg, Thomson) de izquierda
a derecha