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jueves, 25 de junio de 2020

Crítica: Chromatica de Lady Gaga (2020)

En uno de los momentos más peculiares y desafortunados que nos ha tocado vivir en muchos años, ha aparecido el nuevo disco de una de las figuras clave de la música pop de lo que va de milenio. Y es que 2020 no va a pasar a la historia por ser el año de la publicación de este nuevo disco, pero la niebla no hace que el mundo deje de existir. Tanto es así, que en estos meses se han publicado algunos discos clave para el inicio de la década en lo que a pop se refiere: Dedicated Side B de Carly Rae Jepsen, How I’m Feeling Now de Charli XCX o Future Nostalgia de Dua Lipa. Pero la pregunta clave es ¿podrá sumarse Chromatica a esta lista selecta de discos?... Pues demos un poco de contexto a su creación.

En 2016, Lady Gaga publicaba Joanne uno de sus discos más variados estilísticamente y con más referencias personales, pero paralelamente no era de los mejores según mi honesta opinión, ya que teniendo buenos temas, ninguno lograba ser del calibre de sus grandes hits (independientemente del género/estilo de las canciones que contenía). Dos años después, Gaga haría un paso clave en su carrera formando parte de la película A Star Is Born (2018) en la que a parte de tener un rol protagonista junta al director de la misma, Bradley Cooper; firmarían una banda sonora aclamada por la crítica, que en espacio de dos años, se llevaría cuatro premios Grammy. Por lo menos en popularidad, Gaga seguía estando en un momento dulce.

Lady Gaga en la Super Bowl de 2017

lunes, 19 de septiembre de 2016

Crítica: Every Open Eye de CHVRCHES (2015)

Estamos en una época en la que bajo la electrónica, muchas bandas esconden su falta de sustancia o pasión. Y por mucho que lo quieran esconder al final se descubre antes a un mentiroso que a un cojo. Pero afortunadamente, hay bandas que han sabido usar el synthpop como un medio para dar una paleta de colores muy especial a su música. En la isla de Gran Bretaña y sacando del radar la inglesa ciudad de Londres nos encontramos las tierras escocesas de Glasgow, donde una banda de este género ha sabido captar mi atención. 

Y es que Chvrches es de esa bandas que han sabido beber de las fuentes adecuadas, teniendo de referentes a bandas y artistas como Eurythmics, Prince, Madonna, Cyndi Lauper. Depeche Mode o Whitney Houston. Al mismo tiempo, ellos tienen una identidad que fuertemente remarcan haciendo que todo lo que ellos han visto de bueno en sus maestro lo adapten a su fórmula y no al revés.


Lauren Mayberry, Iain Cook y Martin Doherty ya sorprendieron a la crítica con su anterior disco, The Bones of What You Believe (2013) dejando un buen sabor de boca y a la espera de más. Desafortunadamente, la banda no empezó a formar parte de mi ecosistema musical hasta la aparición del disco que hoy vemos, que poco a poco se fue trabajando junto a su antecesor la opinión que hoy tengo sobre la banda. 

El sistema de grabación de los dos discos me parece de lo más interesante, ya que estos fueron elaborados en un sótano que Cook consiguió y en el que estan los Alucard Studios donde por cuatro chavos podían producir sin preocuparse en exceso del dinero. Durante el proceso se grabaron 21 canciones quedando 11 de ellas para el disco, buscando que en el disco se percibiera la espontaneidad del proceso en el que no buscaron ningún músico extra para reforzar la idea de banda.

viernes, 19 de febrero de 2016

Crítica: Music Complete de New Order (2015)

Hasta hace unos días, cuando me avisó nuestro colaborador del blog Adrià Calvo, no me había parado a pensar en hacer una crítica del trabajo nuevo de New Order. Al recalcarme bastante el hecho de que el contenido del disco podía ser bastante bueno y como falca, mejor que el binomio de discos Waiting for the Sirens Call (2005) y el Lost Sirens (2013). Siendo el segundo un conjunto de descartes retrabajados del disco de 2005, pues me ha levantado la curiosidad de como sería el nuevo material de estos ingleses después de 10 años sin componer de zero. Pero antes haré un poco de presentación de la banda, eso si, a mi manera. New Order es una de las grandes bandas baluarte del synthpop de los 80, nacida de las cenizas de la banda Joy Division después de la muerte de su cantante Ian Curtis. Su trabajo en la década ochentera fue esencial para el desarrollo de la música pop electrónica y aunque me he propuesto no nombrar ninguno de sus discos de entonces (hasta que haga una crítica sobre alguno de ellos), os remito a que le deis una buena escucha.

En la etapa nueva en la que se encuentran, la banda ya sin su bajista clásico Peter Hook, han estado reviviendo la llama que dejaron con leves chispas en 2007. Ciertamente estos veteranos músicos ya dejaron en su tiempo una impronta muy potente y debido de alguna forma a su descenso de calidad en el nuevo milenio, ya no se veía tanto como esa banda atemporal que podía sobrevivir e innovar, sino más bien como una banda que a tenor de lo que ocurría en el nuevo mundo musical, ellos se adaptaban. Si bien Get Ready (2001) resultó ser un ejercicio interesante y de calidad, sin impresionar, lo que ha venido luego, almenos en mi caso, no ha tenido un calado similar. Por eso, cuando el año pasado supe que New Order iba a publicar nuevo disco, no me sentía emocionado, sólo me quise mantener a un lado hasta que me decidiera a escucharlo con calma. Ese momento ha llegado...

miércoles, 5 de agosto de 2015

Crítica: Currents de Tame Impala (2015)

Imaginemos una continuación natural para mucha música del pasado; como revival y como una evolución lógica y que muy poco a poco ha añadido innovaciones sin que perdamos las ideas originales que tenía esa música. Si hacemos ese ejercicio un tanto laborioso podríamos obtener como resultado a Tame Impala. Esta banda formada por el australiano Kevin Parker hacia el año 2007, tenía una base en la que él en solitario iba creando poco a poco y de manera perfeccionista su música. Hablamos de un chico que se lo guisa y se lo come a la hora de crear con todos los instrumentos y que luego se vale de sus compañeros de banda para las actuaciones en vivo. Aunque tal vez ahora en el estudio se vale más de dos de sus compañeros creativos más cercanos, Jay Watson (teclados, guitarra) y Dominic Simper (percusión y guitarra).

Si hacemos un poco de repaso a su catalogo discográfico veremos que desde su EP de presentación homónimo, esta banda ha trabajado en el terreno de la psicodelia. Pero todo el reconocimiento llegó a través de su primer disco oficial de estudio, Innerspeaker (2010), que resultaba ser una evolución del sonido beatleliano de la segunda mitad de los años 60. Un disco realmente trabajado que recibió la aclamación de la crítica y una nominación a los Grammy. En 2012, volvieron de nuevo con Lonerism que era una fusión entre lo visto en la música de The Beatles, con un tanto de fusión con la primera época de Pink Floyd y algunos toques de hard rock. Personalmente, su estilo me parece muy satisfactorio y aunque vocalmente Kevin Parker me recuerda horrores a John Lennon, no hay otra por mi parte que rendirme a lo que estos dos discos ofrecieron en su momento.

Pero después de 3 años de arduo trabajo de perfección musical, Tame Impala vuelve con un nuevo disco que quiere evolucionar su estilo. Tengo claro que en esto del arte hay siempre tres posturas: el continuista, el rupturista o evolucionista y el que hace revival del pasado. Yo tengo claro que se puede tomar cualquiera de las tres vertientes y sacar música de calidad si es que esta tiene personalidad y aunque hasta ahora esta banda ha hecho creaciones de notable consideración, creo que escuchando los dos discos anteriores, ya es hora de sacar su parte más personal, sea tomando la postura que sea, pero diferenciándose. Currents es el disco que servirá para determinar que podemos esperar de esta banda, el que nos puede dejar con ganas de más o pensar en esta banda como un capricho actual de recuperar sonidos del pasado sin más. Veamos si resulta fructífera la espera...

domingo, 10 de mayo de 2015

Crítica: Trouble in Paradise de La Roux (2014)

Continuando con la investigación de música actual que estoy haciendo, esta vez nos pararemos a ver un poco de synthpop. Este subgénero de música tubo mucha aceptación en los años 80 y siempre se ha considerado que en los años 90 cayo en el ostracismo debido a los movimientos de música alternativa y el britpop tanto en Estados Unidos como en Inglaterra. Por eso, me sorprende aún la idea de encontrar música de este estilo actualmente y encima de calidad. A parte tenemos un pequeño problema en España y es que la forma en la que llega la música es 0% democrática y por esa razón uno muchas veces da por muerto algo que en verdad sobrevive más residualmente, pero que sigue con el corazón palpitante.

Otra reflexión que me gustaría hacer es que actualmente estamos en el momento más ecléctico de la historia en lo que se refiere a satisfacer los gustos. Si, la música que domina mayoritariamente es una mierda pero eso no significa que buscando bien podamos encontrar nuestro sitio musical en el mundo, ya que sería tonto pensar que somos la única persona en el mundo con inquietudes con un estilo. Hay espacio para los tradicionalistas y los que buscan la renovación constante de su género musical favorito y es que al Cesar lo que es del Cesar, en la actualidad, igual que toda la vida, hay músicos suficientemente talentosos que saben como tirar adelante la música que nos gusta. Por ejemplo, yo tengo claro que con Vampire Weekend, Arctic Monkeys, Accept, Dream Theater o Queens of the Stone Age puedo tener dosis de música actual a la talla de otros históricos, sea por su experiencia en el mercado o porqué son una nueva esperanza.

Entonces siguiendo esta regla de 3, si me gusta mucho la música de los 80 tendría que encontrar algo equivalente a día de hoy. A parte, me da igual si sigue las formas clásicas o las renueva y con ese principio en mente me he topado con este disco y por ende con La Roux. Lo más curioso es que estamos ante una banda que tiende a las formas antiguas, siguiendo el estereotipo actual y ¿cual es ese? Pues estamos ante una banda fundada en 2006 y que ha sacado disco cada 8 siglos aproximadamente, haciendo que su discografía sea breve, bastante breve. Su primer disco, La Roux (2009) salió y lo petó ganando un Grammy por el mejor disco de electrónica y dance. Su estilo mezclaba la música actual con algunos acabados que recordaban ecos del pasado. Pero entre la tensión de las giras que le hicieron perder la voz y la marcha de su compañero Ben Langmaid, hicieron que Elly Jackson diera un parón en seco a su carrera.

jueves, 30 de abril de 2015

Crítica clásica: Synkronized de Jamiroquai (1999)

Haber nacido en los 90 y tener veintipico años muchas veces hace que a nuestra generación se la considere la que estropeó las cosas con el tema de la música. Mucha gente de 30 y pico para arriba nos mira como los máximos promotores del reguetón más denigrante, la electrónica desposeída de todo encanto y del pop que ya no mira por su salud sino por su bolsillo. Y si, siento por mi interior algo parecido a la rabia y la pena cuando veo que las listas de éxitos están inundadas de canciones pedantes y tontas; y en cambio las buenas composiciones se quedan camufladas cuando realmente se lo han trabajado. Hoy por mi parte, os voy a enseñar una pequeña parcelita de lo que valdría la pena que dominara en nuestras discotecas actualmente.

Jamiroquai es de esas bandas que si fueran de las más vendidas actualmente, el mundo me parecería un sitio más decente. Un sonido que lo primero que me viene a la mente al escucharlo es: ¡Que guai me siento! Mis venas se inundan del groove de su música y no puedo evitar bailar sus pegajosos ritmos que están tan trabajados. Históricamente, fue de esas bandas que se marcó a fuego en los años 90 con una mezcla entre acid jazz y funk que arrasó en ventas. Su primer disco, Emergency on Planet Earth (1993) era una muy grata sorpresa musical que hizo que la figura de Jay Kay, con sus estrambóticos sombreros y su música muy rítmica se quedara clavada en las retinas y orejas del público. Lo más curioso, es que siendo una banda inglesa, caló más en Francia que en su país de origen, pero tengamos esto claro, los franceses han sido siempre muy amantes de la música de baile.

Al año siguiente, de nuevo lo mismo con The Return of the Space Cowboy (1994) que además de bien vendido, pulía el sonido en tema vocal y de bajo. Diría que a través de él, la figura del bajista Stuart Zender tomaría un estatus elevadísimo , por su técnica ágil y pseudo-improvisadora y el instrumento se volvería a poner de moda. Lleno de grandes canciones, este disco demostraba una banda con un increíble potencial que sólo necesitaba un empujón más para destacar. Y lo consiguió y encima por todo lo alto dos años después con Travelling Without Moving (1996). La música resultaba ser más potente, segura, elegante y orquestrada. Parecía que habían llegado al cenit de su sonido y eso se tradujo en el disco de funk más vendido de la historia. La gente se fundía en elogios hacia la obra de Jay Kay y su equipo de magníficos músicos. Pero entonces la que sería la cuarta entrega de la banda se retrasaría tres años por la larga gira que realizaron y las tensiones internas.