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martes, 30 de junio de 2020

Crítica: Women in Music Pt. III de Haim (2020)

Justo ahora que estoy en un proceso de analizar mucha música que nos ha dado la década pasada, he profundizado en una banda de la que había escuchado algún tema suelto y sabía de su existencia pero nunca había dado el tiempo de escucharme un disco suyo con detenimiento. Me refiero al proyecto musical de las hermanas Haim, una banda nacida de un ambiente hogareño muy atado a la música y en el que ya desde muy jovencitas se las animó a expresarse con instrumentos. Sus padres Moti Haim (exjugador de fútbol y músico israelí) y Donna Haim tendrían su propia banda de covers llamada Rockinhaim en la que las dos hijas mayores, Danielle y Este, tocarían en fiestas junto a ellos.

Cuando Alana (la tercera de las hermanas) fue lo suficientemente mayor, se plantearon de formar una banda juntas que tomaría el apellido de ellas y aunque su debut discográfico se haría esperar (debido a las tareas de guitarrista en vivo de Danielle Haim con Julian Casablancas de The Strokes), en 2013 presentarían Days Are Gone con el aplauso de buena parte de la crítica especializada. Pero el tiempo ha pasado y estamos en 2020 (lo curioso de que la vida avance) y la banda nos presenta su tercer disco de estudio, el cual llevaban adelantando desde la segunda mitad de 2019. Si a parte le sumamos que su publicación se ha retrasado de abril a junio, me puedo hacer cargo de las expectativas que ha levantado entre la gente que esperaba nuevo material desde 2017.

Un equipo amplio

Al igual que otras bandas en la historia, Haim tiene a ciertos colaboradores en el estudio que ayudan a hacer brillar sus composiciones. Esto es clave entenderlo ya que en este caso considero que juegan un rol de hacer más sofisticada la fórmula de este conjunto. Por un lado, Ariel Rechtshaid (productor con sobrado renombre en esta última década) que ha trabajado para músicos de la talla de Vampire Weekend, Adele, Charli XCX o Carly Rae Jepsen. Siendo este también pareja de Danielle Haim, ha colaborado muy de cerca en la escritura de sus canciones desde su primer álbum en 2013. Su rol de productor compositor es compartido por otro viejo conocido suyo, Rostam Batmanglij.

Rostam (productor y ex integrante de Vampire Weekend) se unió a Haim y a Ariel debido a la buena química que se había producido con este último tras la grabación de Modern Vampires of the City (2013) con Vampire Weekend. La lista de álbumes de diferentes artistas donde Rostam y Ariel coinciden haciendo alguna tarea de composición o producción hasta la actualidad resulta abrumadora y de alguna forma era un combo lógico que se tenía que dar. Ya en el disco de 2017 de Haim, Something to Tell You, Rostam y Ariel estarían trabajando como combo de alguna manera en 4 de los temas del disco, pero en esta ocasión, la cosa se amplía a todo el grueso del álbum.

Este, Alana y Danielle Haim

domingo, 14 de junio de 2020

Crítica: Sings the Blues de Nina Simone (1967)

Una de las artistas más reivindicativas de los derechos de las personas de piel negra (y no simplemente del sector afroamericano) ha sido Nina Simone (apodo de Eunice Kathleen Waymon). Ser una diva con tanto talento y al mismo tiempo, ser tan firme en sus ideales le trajo tantos aplausos como detractores. Una mezcla entre la violencia que ella vivía en su casa por parte de su marido Andy Stroud, como la barbarie que sufrían muchos ciudadanos en Estados Unidos por su color de piel, la empujó de la disconformidad con el ambiente presente a considerarse igual que Malcolm X una no pacifista defensora del nacionalismo negro. De este duro contexto llegaría el primer punto de inflexión en su carrera, que sería la publicación del sencillo Mississippi Goddam en 1964.


Esta canción respondía al asesinato del activista negro Medgar Evers en Mississippi en junio de 1963 y del atentado en Birmingham (Alabama) que se llevaría por delante la vida de cuatro niños negros en la iglesia de 16th Street. Para Simone se había cruzado un límite nefasto que le llevaría de aspirar a ser la mejor músico clásica negra a querer ser una artista que profundizara más en su activismo y en representar a la música y cultura del pueblo negro. Pero si avanzamos un poco más en el tiempo, a 1967, para ver el contexto de la obra que hoy tratamos, Simone terminaba su periodo con la discográfica Philips habiendo publicado algunas de sus aventuras discográficas más aclamadas como: I Put a Spell on You (1965), Pastel Blues (1965), Wild is the Wind (1966) o la obra que le otorgó su sobrenombre High Priestess of Soul (la suma sacerdotisa del soul) de 1967.


Su fichaje por RCA Victor era la oportunidad para demostrar en una nueva discográfica su talento interpretativo. En esos años era habitual por muchos artistas del entorno de jazz, el blues, el soul o incluso el pop mezclar sus canciones con covers de otros artistas y darles un estilo que sacara a relucir sus gustos y el estilo que mejor les definía a ellos y a la banda que les rodeaba. Para esta ocasión pondría entre sus músicos de sesión a Eric Gale en la guitarra (que trabajaría con George Benson, Paul Simon o Billy Joel), Bob Bushnell en el bajo (Dizzy Gillespie o Gábor Szabó), Bernard Purdie en la batería (Steely Dan, Wilson Pickett, Louis Armstrong o Dizzy Gillespie) o Buddy Lucas en la armónica y saxo. Músicos que entre ellos ya se conocían y ya existía una buena química musical.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Crítica: Blackstar de David Bowie (2016)

Hay personas que han nacido con una estrella en esta vida para brillar incluso cuando están a un pie de dejar este mundo. David Bowie, está destinado a pasar a la historia como uno de estos, que igual que un Beethoven o Mozart, ha marcado una época de la música y ha sobrevivido a sus ires y venires. Pero al mismo tiempo y lo queramos o no, nos topamos con una persona que como tu o como yo pues le daba vueltas a la cabeza por sus problemas vitales y que viendo que le quedaba poco en nuestro plano decidió planificar una obra musical que reflexionara en buena parte sobre lo que se le venía encima, la muerte.

Haciendo un poco de recopilatorio de todo lo que he podido escuchar de Bowie, su música ha pasado de la rebeldia del folk y el glam de principios de los 70 (Hunky Dory, Ziggy Stardust, Aladdin Sane) a la experimentación en la segunda mitad de la década, como si estuviera buscando a ese misterioso "yo interior" que todos tenemos (Station to StationLow, Heroes, Lodger, Scary Mosters). Luego, algo le hizo chocar después de tanta exploración, como si se hubiera encontrado con alguna entidad que lo ahuyentó e hizo que se fuera a la música más pop rock de los 80 (Let's Dance, Tonight). Pero al llegar los 90 casi no se notaba a ese Bowie tan rompedor de dos décadas atrás e iba sacando discos que a ratos llenaban (Earthling) y a ratos dejaban con una mueca de pocos amigos (Black Tie White Noise). Toda esta divagación intentando reencontrarse duró hasta principios del nuevo milenio, cuando Bowie hizo un largo parón para reflexionar tras el disco Reality (2003).

viernes, 16 de septiembre de 2016

Crítica: Diamonds and Pearls de Prince (1991)

Dos de las figuras más camaleónicas de la música de los últimos 50 años nos han dejado no hace mucho. Primero David Bowie, un avanguardista dentro de la música popular que supo entender el sentir de diferentes décadas en lo que a estilos se refiere y destacando claramente a finales de los 60, todos los 70, 80 y los últimos 5 años. El otro grande, Prince. Y es que Prince Rogers Nelson, cumple el mismo rol que Bowie dentro de la música negra de los últimos casi 40 años, llegando a colarse entre lo mejor de la música popular y disputándose contra titanes como Michael Jackson, Madonna o Phil Collins, por poner algunos ejemplos.

Pero es curioso como si bien se han mitificado muchos de los discos de los años 80 de Prince (o cualquiera de sus tropocientas nomenclaturas); los 90 fueron una época valiosísima para este artista, pero de la que no se realizan rediciones discográficas como se precisaría, llegando a valer algunas de sus obras en vinilo incluso centenares de euros. Hoy trataremos el disco que empieza la traca buena que el músico de Minneapolis hizo a principios de los 90. Y debemos entender que alrededor de este disco se presentaba un panorama musical en plena evolución y en el que se daba mucha importancia a la música alternativo y a los estilos callejeros (rap, hip-hop) o que hasta el momento eran de las subculturas (grunge).

En ese momento de transición, Prince decidió crear una nueva formación de músicos con la que se rodearía la New Power Generation y de la que ya daría alerta en su anterior disco Graffiti Bridge (1990). El cantante y multiinstrumentista, ya llevaba algunos discos trabajando en sonoridades muy ligadas a lo urbano, creando un cocktail que ya estaba refinando desde los tiempos del Sign o' the Times (1987). Por el otro lado su competidor más directo, Michael Jackson, sacaría poco más de un mes más tarde su disco Dangerous (1991), que confirmaría por parte del artista más comercial de su tiempo el nuevo rumbo de los hits musicales. Entonces se nos presenta conveniente repasar ágilmente este disco para ver a través de sus canciones esta capacidad de transformación musical que Prince poseía.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Crítica clásica: Countdown to Ecstasy de Steely Dan (1973)

La elegancia es una actitud que se transmite a través de diferentes elementos de nuestras acciones. El andar, el hablar, el esperar, reivindicar lo que uno quiere y conseguirlo de forma cortés, el equivocarse y levantarse con dignidad (incluso haciendo sutil mofa del error); todo cuenta en favor a tener una forma bella de vivir (aunque imperfecta, para que negarlo). Musicalmente también encontramos composiciones así, es decir, que por su tempo, ejecución, melodía y cantar nos evocan al buen gusto sin pretensión, al color sin abuso, a los matices sin llegar a lo hortera. Por lo que mi criterio me dicta, Steely Dan es una de esas bandas que cumple con aquello que interpreto como elegancia. Músicos jazzísticos que no hacen ascos al rock y que tratan con humor y inteligencia los temas que hablan.

Debemos entender que tras el resultado que en breve podremos apreciar, hay un gran nivel de técnica y perfeccionismo. Hay una gran seguridad en las habilidades de los músicos que conforman la banda, pero afortunadamente son músicos que buscan exprimir sus capacidades para ofrecer algo nuevo a sus oyentes. Walter Becker (bajista y guitarrista) y Donald Fagen (cantante y tecladista) son de esos músicos que generan envidia sana al verles tocar. Unos tíos realmente "salaos" que en su carácter más desaliñado, saben ofrecer grandes arreglos musicales, buenas melodías y sobretodo, tienen como propósito seguir evolucionando incluso siendo ya unos veteranos. Hoy, veremos una de las primeras obras que formularon como grupo y en la que se demuestra sin duda una banda prometedora e innovadora. Por otro lado, Dan tubo una fuerte influencia de Frank Zappa en lo que a comedy rock se refiere, por lo tanto, recalco de nuevo que la elegancia y la sátira fina inundaban sus creaciones.

lunes, 9 de marzo de 2015

Crítica clásica: Secret Story de Pat Metheny (1992)

Conglomerado, esa es la definición que podemos extraer de este álbum. Desde su portada hasta su música. Pero a muchos esa palabra os suena a un material con el que se hacen muebles y que acostumbra a ser de media o baja calidad. Es algo hecho de muchas cosas apelotonadas y unificadas que generan algo sólido. También ocurre lo mismo con cierto tipo de rocas formadas por detritos de muchas clases. Pero en la música, si se hace con suficiente inteligencia, toma un significado más positivo y que puede ser de mucha calidad. En el caso que hoy veremos, lo considero claramente así, una obra hecha de detritos que demuestran lo mucho que ha crecido el artista creador ¿Y quien es en este caso el creador/director de esta obra?...

Pat Metheny es probablemente uno de los guitarristas (y en general músicos) de jazz más premiados y reputados de los últimos 40 años. Nacido en Lee's Summit, Missouri el 1954, empezó su pasión por el jazz a través de su hermano, el trompetista Mike Metheny. Cabe destacar que desde que empezó a tocar música supo destacar y rodearse de grandes músicos que lo conducirían a renovar su estilo y a triunfar. Jaco Pastorius (el mejor bajista de la historia), Gary Burton, Lyle Mays (muy destacable tecladista) o Pedro Aznar (brillante multiinstrumentista) le ayudarían e influenciarían en su brillante carrera desde su debut en Jaco (1974), pasando por Offramp (1982) con el Pat Metheny Group un brillante disco que experimenta y a la vez se muestra accesible o Letter from Home (1989) precursor cercano del disco que hoy veremos.

Por eso, para realizar una crítica tenía un serio dilema, ya que en principio me hubiera metido en una de sus obras de finales de los 70 o de pleno en los 80. Pero opté por mostrar una obra de suficiente calidad como para que ni el exigente i perfeccionista Pat Metheny dudara de su fuerza. Crítica, público y yo mismo ahora podemos confirmar que este disco es de bien seguro la opción más acertada. En una entrevista para el canal CNBC, Metheny consideró que esta era su obra más ambiciosa y personal. Por eso, podemos ver esta creación como una especie de hito que consiguió tras años de evolución artística y melódica. En el disco, así como adelanto, podemos ver una paleta con toda la gama de colores que el había trabajado en su carrera.

Pat Metheny con su distintiva cara apasionada mientras toca
En él colaboraron la Pinpeat Orchestra of the Royal Ballet de Camboya, la Orquestra Simfónica de Londres y el Coro del Palacio Real de Camboya. Miembros del Pat Metheny Group y sobretodo su amigo Lyle Mays, participan activamente en dar forma a las ideas del guitarrista. El disco, muestra los sentimientos que tenía Metheny a través de su relación con Shuzy Nascimento, que conocería en el club Jazz Mania de Rio de Janeiro. Metiendome en el disco, todo toma forma. Los primeros segundos de Above the Treetops, ya me hacen alejarme un poco del plano real y me hacen como el cine. Me apagan las luces del mundo de alrededor y entrar en una especie de relato musical.