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domingo, 10 de abril de 2016

Crítica clásica: Super Ghouls 'n Ghosts (SNES, 1991)

Videojuego taladrado en lo más profundo de la mente de algunos que nos consideramos amantes de este arte, Super Ghouls 'n Ghosts es un ejemplo de juego que tiene tras de si una estela mítica. Muchos hablamos de el como un juego sin concesiones, muy exigente y que si te lo pasas, ya te puedes poner una hipotética medalla de jugador ya que incluso a día de hoy sigue estando en ese grupo de juegos de pesadilla que te hacen sentir que estás ante una gran hazaña. Y eso es lo que viví desde el primer momento al jugarlo, pero para eso debemos retirarnos mucho en el tiempo, en mi caso a 1998. En esa época sólo hacía un par de años que jugaba a videojuegos y yo iba muy felizmente a alquilar mis juegos a un videoclub de al lado de mi casa. Un día, me tope con un juego llamado Capcom Generations: Chronicles of Arthur, para la PlayStation y decidí probar el contenido, que eran los tres primeros juegos de la saga Ghosts 'n Goblins, siendo este el tercero. El juego me fascinó, pero con la misma fuerza me cogió por las piernas me puso a rodar y me estampó contra la lona. Hice unos pocos intentos durante el fin de semana de alquiler que lo tube y no lo volví a alquilar más, no por mal juego, sino por hacerme sentir mal jugador.

viernes, 4 de marzo de 2016

Crítica clásica: Gran Turismo 2 (PSX, 1999)

Como crítico de arte que me considero, no sólo se hablar y valorar la música (mi mayor pasión) sino que también soy conocedor del resto de las artes y por ende, sé que principios o particularidades tiene cada una de ellas. Ante todo, esta primera crítica que dedico a los videojuegos son una confirmación por mi parte de que no estamos sólo ante un mero entretenimiento, sino ante una creación con su diseño, sus conceptos, su estilo e incluso su género. Pero debemos entender que el videojuego es el arte que más interacción nos permite; es un arte que se va desplegando como resultado de nuestras habilidades y que por lo tanto, entenderlo de forma completa significa dedicar un número de horas determinadas a esa pieza artística. Y ante vosotros está la crítica sobre la pieza de arte videojueguil a la que más horas, mimo y esfuerzo he dedicado en mi vida. Centenares de horas, partidas guardadas y partidas perdidas de valoración... una de esas obras de arte que cambió mi visión sobre la dedicación que merece el arte al ser estudiado.

Como siempre hago, situémonos en el contexto de este videojuego. En 1997 existía una visión de los videojuegos de conducción mucho más reducida de lo que a día de hoy se puede apreciar. El mercado mostraba como dominante un sistema de juego que era arcade (accesible) en el que los juegos eran fáciles de entrar y jugar pero que era más difícil llegar a la maestría. En cambio si alguien buscaba una alternativa más parecida a un simulador, sus opciones quedaban fuertemente reducidas  a un PC con juegos como el Indy Car Racing 2 o tirando más de hemeroteca; del WEC Le Mans (1986) de Konami o del padre espiritual de todos, el Chaquered Flag (1983) de la Spectrum. Ya os digo yo que en aquellos años no habían emuladores, es decir, si no quedan copias del juego te quedas sin y a vivir de los frutos que te daba el mercado. Pero las cosas cambiaron cuando apareció la primera entrega de Gran Turismo (1997). Ese juego supuso la auténtica revolución que muchos usuarios podrían agradecer, ya que hasta ese momento los representantes de la simulación eran pocos y con limitada difusión. Con actualmente casi 11 millones de copias vendidas, negar la importancia capital de ese juego sería un craso error...