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viernes, 5 de junio de 2020

Crítica: In Rock de Deep Purple (1970)

En 1969 la banda Deep Purple tenía proposito, encontrar su sitio en el mundo de la música con una formación potente. Ritchie Blackmore (guitarrista), Jon Lord (tecladista) e Ian Paice (batería) habían llegado al pacto de apostar por un sonido más duro de rock influidos por el impacto que simultáneamente estaba dando Led Zeppelin. Un camarada de Blackmore, Mick Underwood (que había tocado con él en The Outlaws), les presentó a dos miembros de la banda donde este tocaba la batería, Episode Six. Ian Gillan (cantante) y Roger Glover (bajista) eran el tándem compositor de su banda y al verles actuar, los tres miembros de Deep Purple quedaron convencidos del valor que los dos tenían como equipo.

Gillan ya era conocido anteriormente por la banda y en principio era el único recambio que Blackmore había contemplado, pero Paice le convenció de que valía la pena sumar al bajista a la formación renovada de la banda. Eso sí, esta transición de miembros se estaba haciendo con Nick Simper (bajista) y Rod Evans (cantante) aún en la banda y sin que ellos lo supieran. El objetivo era finalizar la gira en Estados Unidos con la vieja formación y luego hacer el cambio de fichas con los compromisos cumplidos. El que se llevaría la sorpresa más negativa sería Simper, que creyéndose que formaría parte de la renovación de la banda, se encontraría con que ya habían grabado un tema nuevo con Glover.

Mark II: Experimentando antes de la gran jugada

Jon Lord, Ian Paice, Ian Gillan, Ritchie Blackmore y Roger Glover (1969)

Ese tema, llamado Halleluyah (cover de una canción de Roger Greenaway y Roger Cook), había sido preparado por la formación antigua, pero como dijo Jon Lord en una entrevista para el canal oficial de la banda en YouTube: “Esta canción era en buena medida la audición/casting que le hacíamos a Gillan y Glover. Si pudiera volver atrás, lo hablaría cara a cara con Rod y Nicky en vez de dejarlo en manos del management, pero en esta profesión la gente es constantemente despedida, és la naturaleza del juego”. Esto sería la primera publicación de la conocida como Mark II (segunda formación), la segunda se basaría más en una apuesta.

Jon Lord tenía ganas y talento para crear una pieza orquestal y le dijo al resto de la banda que antes de dar el paso definitivo al hard rock, quería poder hacer con ellos ese tipo de composición. ¿La apuesta? Si tras hacer ese concierto la formación estaba convencida con el estilo orquestal, tirarían por esa forma de música, si no, Lord aceptaría de buena gana seguir con la idea inicial. Con ese pacto acordado, graban en septiembre de 1969 Concerto for Group and Orchestra con la Royal Philarmonic Orchestra. Este ejercicio musical compuesto por Lord y con letras de Ian Gillan, resultaría satisfactorio y aunque no tendría continuidad, el tecladista se sentía con energías para afrontar la ahora si metamorfosis completa.

lunes, 18 de mayo de 2020

Crítica: Rising de Rainbow (1976)

En 1976 alguien tan talentoso como el cantante Ronnie James Dio podía darse con un canto en los dientes de haber sido descubierto por el genio y figura Ritchie Blackmore, el hombre de negro y ex guitarrista de Deep Purple. Con el éxito del debut de Rainbow, Ritchie Blackmore’s Rainbow (1975), la sociedad entre Dio y Blackmore parecía una destinada grandes cosas. Eso sí, los otros miembros heredados de la anterior banda de Dio, Elf, fueron despedidos por Blackmore buscando unos músicos más flamantes a nivel técnico. 


Cozy Powell (batería), Jimmy Bain (bajo) y Tony Carey (teclados) acababan de formar un dream team modélico que en aquel momento eran como jugadores jóvenes de fútbol que en unos pocos años estarían diseminados por algunos de los mejores equipos europeos. Pero por aquel entonces motivados por el proyecto entre manos, se pusieron bajo el a veces tiránico mandato de Blackmore. La banda tuvo tiempo a conocerse bien durante la gira del disco de 1975 antes de ponerse con el álbum que aquí tratamos.


A nivel de composición las ideas venían de la dupla Dio/Blackmore con algún input puntual de Cozy Powell. En tres semanas en el Musicland Studios de Munich se ventilaron la composición y grabación del disco con el gran productor Martin Birch, que ya había trabajado con ellos, con Deep Purple y que por añadirle más miga, luego sería productor de Black Sabbath o Iron Maiden. Sumadle a que según Blackmore y Dio, por aquel entonces en esos estudios rondaba gente como Elton John, Queen o Giorgio Moroder, la flor y nata del momento. ¡Vaya época para estar vivo!

En orden: Tony Carey, Ritchie Blackmore, Jimmy Bain, Cozy Powell y Dio


martes, 13 de septiembre de 2016

Crítica clásica: Load de Metallica (1996)

Se cumplen 20 años de uno de los discos más controvertidos de banda de metal alguna. Y es que la posición de Metallica dentro del género era tan relevante hasta ese momento, que cada movimiento que la banda hiciese discográficamente era tomado muy en serio por la comunidad musical. Si bien con el álbum Metallica o Black Album (1991) se ponía un broche de oro a la época más brillante de esta banda, al mismo tiempo, se estaba dando paso a una nueva sonoridad más apegada a los años 90. Bob Rock, productor del álbum de ventas multimillonarias empujó a la banda liderada por Hetfield y Ulrich a rebajar la velocidad y trabajar en la contundencia. Si el resultado son canciones de gran factura como: Enter Sandman, Sad But True, Wherever I May Roam o Of Wolf and Man; pues podemos dar el experimento por un innegable éxito.

Pero ¿que ocurre cuando te relajas en los laureles? Pues que puedes pasar de liderar un cambio a simplemente dejarte llevar por las tendencias o finalmente, trabajar a rebufo de las mismas. 5 años sin sacar un disco para una banda como Metallica tenía que pasar necesariamente factura y además si como dirían los ingleses, haces un "twist" muy grave en el sonido reconocible de la banda, se pierde un poco de identidad y al mismo tiempo, a mucha gente que le enamoró ese carácter tan frontal, contundente y feroz de los primeros discos de la banda. Aún con esas premisas, no se puede negar que estamos ante unos compositores de buen nivel y sobretodo gracias al mínimo de calidad y carácter que ofrece James Hetfield a sus melodías. Es por eso necesario entender las dos facetas que aguardan al oyente ante este disco, destinado a ser en principio una obra doble junto a su hermano Reload (1997).

martes, 31 de mayo de 2016

Crítica clásica: Clutching at Straws de Marillion (1987)

Tras probar las mieles del éxito con su tercer álbum, Misplaced Childhood (1985) y hacer una gira que los consolidaría como banda; Marillion se puso manos a la obra con su siguiente disco. Pero fruto de vivir el momento, Fish (cantante) decidió enfocar su disco en uno de esos males que le frecuentaba, el alcohol. Por esa razón se dejaron atrás las evocaciones a la niñez y el primer amor, para entrar en las reflexiones de un hombre con una vida formada, pero que parecía que la mandaba al garete por sus traumas y adicciones. En la portada del disco, se nos hace referencia a diversos artistas que también sufrieron de este problema, pero al mismo tiempo, ciertos personajes que Fish tomaba como modelos de persona: Robert Bruns, Truman Capote, John Lennon, James Dean o Lenny Bruce. Una portada que supuso un trabajo muy importante para Mark Wilkinson (que haría portadas también de Judas Priest o Iron Maiden) y que no pudo resolver como él deseaba.

Y es que me genera curiosidad como un disco de tal calibre, nació de un ambiente de tal insatisfacción, de trabajo a medias y con el tiempo, de despedida. Pero sin adelantarnos a los acontecimientos, nos centramos en el hecho de que Marillion, la banda de música progresiva más importante de los 80 estaba sacando su "cuarta opus" y las expectativas estaban muy altas. Sólo un spoiler: No fallaron. Y es que los que amamos la música progresiva debemos entender que si bien en los 70 varias bandas cargaban el peso de este género, Marillion en los 80 se encontraba solo como abanderado y cada disco era crucial para conservar la relevancia del mismo. Existían otras bandas como Pendragon sacando obras estupendas como The Jewel (1985), Rush seguía teniendo matices progresivos, pero con Hold Your Fire (1987) estaban más enfrascados en crear música rockera pero accesible. Queensrÿche y Maiden estaban poniendo la semilla del progresivo de la siguiente década, pero de nuevo, Marillion era quien aseguraba el "presente" de esta música en los años 80.

miércoles, 6 de abril de 2016

Crítica clásica: Core de Stone Temple Pilots (1992)

Hacia 1992 todo el movimiento del Grunge estaba en plena vigencia. El año 1991 había sucedido con algunos de los mayores éxitos de sus bandas, como el ineludible Nevermind de Nirvana, Ten de Pearl Jam o el descarnado Badmotorfinger de Soundgarden. Tres discos con tres visiones distintas sobre lo que era esta corriente de músicos mayoritariamente procedentes de Seattle (EEUU). Pero no todo tenía porqué nacer de la misma ciudad o zona para ser del Grunge, ya que la crítica que hoy dirigimos no se podía alejar más del epicentro. Tanto nos alejamos, que debemos ir del norte del país yanqui hasta el sur-oeste, por California. Por lo tanto, el Grunge lo debemos ver más que como la realidad de un sitio, como un momento del rock duro en el que se usó sus estilos (hard rock, metal y sus vertientes alternativas) para transmitir una filosofía de vida muy esceptica con el progreso del mundo, muy marginada de la visión idílica de la vida, aparentemente alejado del modus vivendi tan playero y feliz de bandas como Aerosmith o Van Halen, que básicamente vivían de un rock duro ligado al glam, a las baladitas, al desfase y a las groupies enganchadas a los tobillos.

En su momento inicial el Grunge (mediados y finales de los 80) pertenecía a un entorno más desaliñado, con glamour 0 y con drogas y sexo más mundanos. No negaremos que cuando se popularizó las condiciones "mejoraron" pero en ningún caso se puede hablar del mismo estatus, ni tampoco el mismo mimo en cuidar de sus estrellas. Actualmente tres figuras capitales de esa corriente han perecido: Kurt Cobain (Nirvana, 1994), Layne Staley (Alice in Chains, 2002) y finalmente el entonces cantante de la banda que nos ocupa Scott Weiland (2015). Digamos que estamos ante un grupo de bandas en los que la vida disfuncional y tropezar con la misma piedra fue y en parte es su sentencia. Eso si, como este blog trata de exponer mi valoración sobre arte, me voy a permitir hacer una afirmación tajante sobre este disco: Core, sin duda, es el disco que más me gusta del Grunge. Desde el primer segundo y en la primera escucha supo captar mi atención; y sin considerarlo perfecto, es una de esas razones por las que me mola tanto la música del año en que nací.

martes, 1 de marzo de 2016

Crítica clásica: For Those About to Rock, We Salute You de AC/DC (1981)

Recuerdo que una de las primeras tentaciones que tuve al empezar este blog fue el analizar un disco de AC/DC. Entre los firmes candidatos se encontraba este disco, pero sabiendo lo infravalorado que era su sucesor Flick of the Switch (1983) creí conveniente poner cartas en el asunto. Hoy recuperamos de nuevo a los australianos como un guiño a como 1981 fue un año de importancia capital para el productor musical Robert John "Mutt" Lange. Cabe destacar que en este punto el productor ya tenía una espectacular reputación y que la banda estaba en el momento más dulce de su carrera, ya que había podido afrontar la muerte de su cantante icono, Bon Scott, superando de forma exponencial en 1980 todo el éxito que habían labrado entre 1974 y 1979. Para la discográfica era imprescindible seguir explotando el éxito que habían conseguido y lo más rápido posible. Pero a veces, ciertas jugadas comerciales acaban jugando malas pasadas.

Todo esto viene a tenor de que Back in Black (1980) seguía siendo un disco con unas ventas realmente buenas e incluso Highway to Hell (1979) seguía vendiendo bien por el shock de la muerte de Bon Scott e indudablemente por su calidad. Por lo tanto ¿no hubiera sido un poco más recomendable esperarse un año a publicar el sucesor a Back in Black? Según mi modesto criterio, si. Hoy analizaremos este disco y me da la impresión que un poco más de tiempo hubiera podido redondear las ideas que en él se muestran y las canciones hubieran quedado más pulidas, sin tantas prisas y con más margen para solventar ciertos obstáculos. Pero cuidado, no pongáis las luces de alarma ya, porque tenemos que desgranar aún todo lo que ofrece el disco y nos hemos de dejar sorprender por lo que viene en él. Hablando de sorpresa, es importante entender que este disco desde buen principio quiso enfocarse de una forma un tanto distinta a sus precursores, cosa que aclararemos a continuación.

sábado, 27 de febrero de 2016

Crítica clásica: 4 de Foreigner (1981)

Símbolo inequívoco de su tiempo, Foreigner es de esas bandas que si realmente se vuelve a ellas es con una máquina del tiempo, ya que si bien siguen vivas, no ofrecen ninguna innovación en su sonido a lo largo de los años. Lo que ocurre es que igual que otras bandas como AC/DC (que también tiene este síndrome); hay un punto álgido en el que este sonido se perfecciona y llega a su mayor nivel de matices. Pero vayamos unos pasos atrás en nuestro análisis sobre esta banda... Esta banda anglo-americana fue sin duda una de las que definió el sonido del rock entre finales de los 70 y finales de los 80. Su estilo elegante de hard rock les llevaba a hacer canciones con garra y gancho. Si ya en 1977 su disco de debut homónimo, se llevó una gran aprobación del público con temas como Feels Like the First Time o Cold as Ice, fue sin duda por la nombrada virtud que poseían sus composiciones.

Como bien ocurría en aquella época, si tu debut triunfaba, al año siguiente ya tenías que estar pariendo un sucesor y como ellos no eran la excepción pues surgió el continuista (pero para que negarlo, muy bueno) Double Vision (1978). La voz de Lou Gramm conjuntada con las melodías de guitarra de Mick Jones y el teclado de Al Greenwood parecía no tener fin a la hora de ofrecer momentos sublimes musicalmente. Entonces llegó Head Games (1979), que seguía con unas cotas de calidad muy altas pero con un sonido más áspero y rockero. Roy Thomas Baker, que había sido productor de Queen en años anteriores con A Night at the Opera (1975) y A Day at the Races (1976), había logrado sacar una sonoridad diferente a la banda, pero creo que la banda liderada por Mick Jones y Gramm buscaban algo diferente a nivel de producción. En aquella época, un productor conocido como "Mutt" Lange, había roto el molde al producir un disco como Highway to Hell (1979) y aún iba a reventar más el mercado con Back in Black (1980) con unos AC/DC que muchos tomaban por heridos de muerte tras la muerte de Bon Scott. Conclusión, querían a ese tío con ellos en los mandos del estudio...

martes, 16 de febrero de 2016

Crítica clásica: Rebel Yell de Billy Idol (1983)

Hoy volvemos a la gloriosa década de los 80 con uno de sus músicos más icónicos del momento. Billy Idol (William Michael Broad) del cual podemos decir que su nombre era toda una seña de sus intenciones, marcó claramente la década con un tipo de música que fusionaba el hard rock, el punk y la comercialidad con su increible garra vocal. A la vez su destino estaba ligado a encontrarse con el gran guitarrista Steve Stevens, el cual ayudaría a perfilar el carácter que representaba no sólo Billy Idol como solista, sino como banda. Mucha gente con los años ha tomado a este artista como un mero hijo de la era y el boom de la MTV, pero tal vez merece su obra un poco de pausa para que la gente reconecte con él. Para eso, también es necesario entender que Billy Idol no viene de la nada para de golpe y porrazo ser una figura famosa.

Una versión más primitiva del sonido que Idol nos ofrecería en los 80 se encontraba en su anterior banda, Generation X. En ella la esencia punk era mucho más visible y ya se podía percibir el carácter vocal del cantante. Por eso, si queremos ver el origen de lo que tenemos hoy bajo la lupa tenemos que fijarnos en esa banda y sobretodo en el disco Kiss Me Deadly (1981), que indudablemente fue la transición hacia su carrera en solitario con su éxito Dancing with Myself. Entonces, dio inició ya la carrera en solitario del cantante y compositor; que entró con bastante fuerza con Billy Idol (1982). En este disco ya empezaba su colaboración con Steve Stevens, guitarrista que rescató el lado punk de Idol y lo fusionó con el hard rock y un toque de virtuosismo que daba como resultado canciones con un gran empaque como White Wedding (Part I) o Hot in the City.

domingo, 16 de agosto de 2015

Crítica: Defensores de Proyecto Zeus (2013)

Hay bandas que desgraciadamente se quedaron en su época a un paso de llegar a la fama merecida y poder seguir con su trabajo creativo. El destino, aun así, es arbitrario y caprichoso, haciendo que grandes grupos pinchen por factores externos a ellos, falta de fe de las discográficas, poca aceptación en su entorno... Un muñón de las dos que hace la falta de fondos para poder hacer realidad un sueño. Zeus es un ejemplo perfecto de este hecho, de una banda que con calidad suficiente para convertirse en un mito musical en nuestras tierras, la falta de fe en ellos les hizo bajar del escenario tras sacar un debut muy prometedor llamado V en 1987. Pero 26 años después vuelven con su segundo álbum de estudio tras el nombre Proyecto Zeus en respeto a los viejos integrantes que no se han unido.La insignia original de Zeus era la de un heavy metal épico muy clásico, muy de vieja escuela con una cabalgada que sonaba a una mezcla entre Iron Maiden y Running Wild y les daba una música envidiable en su tiempo. Con los años digamos que la cosa ha cambiado y han regenerado su sonido hacia un heavy más musculoso sin perder el ingrediente que les da la salsa original, el cantante, Félix Bustillo.
Lo bueno es que aunque sus guitarras se han vuelto más gruesas , eso no significa que hayan perdido un ápice de gracia compositiva, tal vez porqué el disco es un mix entre canciones que en sus días de gloria no fueron publicados y otros que siendo actuales demuestran que queda mucha inspiración viva en esta reencarnación. Empezando por el conjunto de La Ira y Defensores del Rockambiente y música de batalla para abrir a lo grande.Los agudos a lo largo y ancho del disco están muy presentes, alguna vez hasta la saturación pero en otras vertebra las canciones. Como en Listo para Luchar que parece una canción sacada del mismo averno del que Judas Priest hizo Defenders of the Faith y Painkiller, con unas escalas absolutamente enfermizas colocadas de por medio. Han sido muchos años para oxidarse como banda, pero ni de coña. Y es que para este tema debemos remontarnos a 1983 (tal vez) de cuando se recuperan sus primeras grabaciones en televisión y que gran potencia demostraban por entonces.
Zeus - Listo para Luchar (En Vivo, 1980's)

miércoles, 12 de agosto de 2015

Crítica clásica: Presence de Led Zeppelin (1976)

Hay discos que cuentan tras ellos historias realmente accidentadas sobre sus músicos, momentos de cansancio, de rendición ante los males de la vida, de crisis, de supervivencia y de reflexión. Hasta a la banda más grande de los años 70 y una de las más potentes de la música popular contemporánea le podía ocurrir. Led Zeppelin estaba formada por humanos y era una banda de músicos con sus preocupaciones y problemas y seguramente hacia 1976, estos empezaron a aflorar más de lo que jamás hubieran deseado. Un año antes, Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham eran 4 tipos talentosos y afortunados que estaban sacando nada menos que su sexto álbum de estudio en 6 años. Y poca broma, no estamos hablando de un disco cualquiera; estamos hablando de Physical Graffiti (1975), un disco doble que los alzaba hasta el mismísimo Olimpo del rock. Cualquiera con dos dedos de frente los hubiera tomado por unos titanes, por seres superiores sin tara ni pecado.

Las cosas se tuercen

Pero en agosto de 1975, Plant sufrió un accidente de coche y tubo que permanecer en reposo durante una temporada. Ante esta situación Jimmy Page decidió que era un buen momento para grabar un nuevo disco, ya que como la gira se tenía que anular, al menos iban a sacar provecho de los meses de recuperación del virtuoso cantante. Entre la Isla de Jersey y Malibú, postrado en su silla de ruedas, Robert Plant iría preparando la letra de las nuevas canciones y a los pocos días Page y él darían forma a sus ideas con la mera voz y la guitarra. Con los conceptos listos, los dos marcharían al Hollywood SIR Studio para mostrar sus creaciones a John Paul Jones y a John Bonham, donde realizarían los ensayos pertinentes y se prepararían para ir a grabar a Munich las versiones definitivas. Este proceso sólo les llevó 18 días, cosa que sorprendió mucho a los que tomarían el relevo en esos estudios, The Rolling Stones. Los Glimmer Twins quedaron petrificados al darse cuenta que mientras en la elaboración de Presence sólo necesitaron unos meses para componer y días de grabar, ellos llevaban casi dos años para sacar su Black and Blue (1976).

Aunque las sesiones eran ágiles y no se andaban con chiquitas, Plant tenía dificultades de movilidad y tenía que ir arriba y abajo de los estudios en silla de ruedas. Para más inri el estudio estaba en el sótano de un hotel viejo y el cantante sufría de claustrofobia. Por otro lado, la velocidad con la que se registró todo, en gran parte fue debida a las jornadas de 18 o 20 horas que Jimmy Page se tiraba grabando sus pistas y overdubs de guitarra. Una labor titánica y más si nos planteamos las canciones que hay en el disco. Como bien fueron contando con los años, Presence fue el resultado de los nervios del momento, del trabajo en equipo de sus dos líderes y por último, del liderazgo en el estudio del guitarrista. Para ellos, el disco mostraba tensión e ilusión por partes iguales debido a todas las dificultades que arrastraba su preparación. Entonces ¿como es que a día de hoy es uno de sus discos más puestos en duda?

martes, 11 de agosto de 2015

Crítica clásica: A Day at the Races de Queen (1976)

Me gustan esas ocasiones en las que tengo en mi mano reivindicar un disco maltratado por la crítica. Eso se debe a que muchas veces la incomprensión o los prejuicios han empujado a una obra a que fuera tachada o tratada como un "algo más" o una pieza inferior. Y tengo claro que tras el éxito que tubo Queen con A Night at the Opera en 1975, una gran parte de la crítica se les quiso poner en su contra incluso cuando demostraron que eran unos músicos de calidad. Por eso, cuando llevo años y años leyendo críticos que despotrican el disco que hoy veremos y en cambio fans enamorados de su contenido pienso ¿porqué estoy tardando tanto en decir la mía? Al menos así, desde este portal de internet tendréis una valoración más que leer y una opinión diferente para contrastar con vuestros gustos.

Un poco de contexto

Primero nos tenemos que situar en el contexto de 1976, momento en el que el punk ya empezaba a vislumbrarse como un movimiento del rock con mucho calado social. Era una década de crisis y este estilo de música reflejaba el espíritu de una nueva generación cansada del viejo orden mundial. Por aquellos años, Queen representaba justamente lo contrario, ya que tenían un sonido sofisticado y operístico, con mucho hard rock y elementos progresivos. Por lo tanto muchos de los defensores de el nuevo sonido más desaliñado y menos técnico, veían a la banda de Londres como una buena diana donde tirar sus dardos. En 1975 las cosas habían ido genial para la banda liderada por Freddie Mercury, ya que con su anterior disco y sobretodo con el tema Bohemian Rhapsody, habían logrado innovar usando fórmulas clásicas del rock, la ópera y toques de jazz. Por lo tanto, con su nuevo disco buscaban hacer una secuela de ese disco y ese sonido tan característico.

El proceso de grabación se alargó durante el verano y otoño de 1976, publicando su obra a las acaballas de ese mismo año. Entre otros rasgos curiosos, ya no estaba en los mandos el productor Roy Thomas Baker, siendo un disco producido por ellos mismos. Todo daba a indicar que habían aprendido bien las técnicas para obtener su sonido especial en estudio y hacer complejos arreglos en capas y capas de instrumentos y pistas vocales. Con todo grabado, decidieron darle un toque de continuidad al título del disco respecto al anterior, tomando el nombre de una película de los hermanos Marx. Lo que no sabían es que publicaciones inglesas como NME (muy defensora del punk) se la jugaría a Mercury, haciéndole una entrevista en la que se le presentaría como un pretencioso y acomodado cantante. Y es que el cantante estaba en aquel momento muy centrado en la música de ballet y tomaría una actitud furiosa y chulesca contra la crítica.

lunes, 3 de agosto de 2015

Crítica clásica: Van Halen de Van Halen (1978)

A finales de los años 70 fue un momento crucial para el hard rock internacional. Durante toda la década, el sonido inglés había dominado el panorama internacional con bandas como Deep Purple, Led Zeppelin o Rainbow. Bandas como AC/DC o Scorpions ya coleaban con algunos discos de calidad destacable y sus carreras musicales eran ciertamente prometedoras, pero algo cambió el juego. A mediados de los 70 KISS, trajo unas formas de hard rock más gamberras y callejeras. Pero quedaba la gran traca para el final de la década y esa se iba a llamar Van Halen. Este grupo, formado por dos hermanos de origen holandés que de bien pequeños habían llegado con sus padres a Estados Unidos.

La banda empezó a principios de los 70 con Eddie Van Halen en la guitarra y cantando y Alex Van Halen tras los parches. Pero ante tanta banda molona en su época de instituto, necesitaban a integrantes con presencia y talento. Después de varios rodeos, su solución apareció en forma del talentoso bajista Michael Anthony y del esperpéntico y a la vez showman nato David Lee Roth. Durante los primeros 4 años con esta formación se tuvieron que buscar las perras ellos solos y fueron ascendiendo poco a poco en fama hasta llegar a ojos y orejas de Gene Simmons, bajista de KISS, que tras escucharlos les apadrinaría para que llegaran a publicar el disco que hoy veremos. Ted Templeman se puso ante los mandos para producir el disco y el resultado a día de hoy sigue siendo soberbio y una buena muestra de lo que le depararía al hard rock en los siguientes años.

Y es que esta es la realidad, este disco estaba preparado para ser un vanguardista en su mundillo y a fusionar con sutileza y gusto hard y heavy metal. Esa además no es una declaración debilucha y más contando los contendientes hardrockeros que rodearon a este disco. Empecemos por KISS, que por aquel momento estaba consiguiendo un gran éxito en Estados Unidos a través de su hard rock de letras atrevidas, un tanto sexuales y sonido accesible, aunque rebelde. Por otro lado, Rainbow en Inglaterra era la imagen del estilo llevado como algo épico, gracias a la contribución de Ronnie James Dio y su ideario de fantasia tras las canciones que componía Ritchie Blackmore. ¿Más? Claro, Whitesnake empezaría ese año 78 su carrera con su gran frontman David Coverdale. Su sonido era romántico-cañero, como una versión de KISS, pero sin el look de diablos-manga que siempre he visto a la banda de Gene Simmons.

La banda más grande del planeta, Led Zeppelin estaba también con valores a la baja en lo que compositivamente se refiere (aunque nunca bajaran de un nivel notable) con Presence (1976) y aunque remontarían el vuelo de la originalidad con In Through the Out Door (1979) y harían un cierre oficial bastante innovador (Coda no lo contéis ni con dos copitas de más) su carrera se vería truncada por la muerte de John Bonham. O sea que amigos, haciendo de vidente, la cosa no tendría mucho futuro más allá de lo que hemos visto para estos. Y es que estos caían, bandas como Thin Lizzy, AC/DC o Blue Öyster Cult, se iban haciendo un sitio para el que sería en breve el nuevo rock duro de los 80 y marcarían bastante a fuego su rastro en el margen de 1977-1979.

Algunos diréis:¡¡ehh, te dejas una banda!! Bueno, me dejo varias, pero si vamos al grano la que muchos estaréis pensando es Aerosmith. Pero ¡ah! en este momento la banda de Steven Tyler estaba en un momento de decrecimiento. Os puedo asegurar sin dudar ni una mota que su disco Draw the Line (1977) es estupendo y que su siguiente disco Night in the Ruts (1979) también iba a ser bueno, lo que ocurre es que el segundo que os he nombrado palidecía ante sus grandes obras de pocos años antes. Este hard rock que hacían influenciado por el funk y parejo a ciertas cosas de Led Zeppelin, iba a ser pisado por los tíos que hoy veremos. Esta banda, liderada por Eddie Van Halen demostraría que experimentación, potencia y melodías pegajosas y divertidas podían ir cogidas de la mano.

martes, 2 de junio de 2015

Crítica: Sticky Fingers de The Rolling Stones (1971)

Mérito, muchísimo mérito tiene que unos tíos hayan aguantado las mil capeadas del mar musical para estar más o menos siempre erguidos sobre la ola. The Rolling Stones es sin duda un ejemplo de unos músicas que a parte de sus valores morales, sacaban una música de puta madre que pervivía décadas. Claro, no siempre se podía ser número uno y a medida que pasaban los años, los rivales iban tomando diferente aspecto: The Beatles, Led Zeppelin, Michael Jackson (primero más oscurillo, luego más blanquito), los corrientes alternativos de los 90. Con mirar todo el trecho de años que han vivido, la música que han compuesto, las groupies que se han beneficiado (y que sorprendentemente se pueden beneficiar), las giras, las marchas y entradas de miembros... es como un barranco legendario que si remontas atrás parece que no pueda ser tomado de otra forma que como algo mítico. Pero chorradas a parte, estos tíos son bien humanos; muy, muy humanos y por esa razón me gusta su arte, pero no los idolatro demasiado.

Para este disco debemos situarnos en 1969, dos años antes de su publicación, cuando poco después de la salida de Let It Bleed (1969) Mick Jagger y Keith Richards ya estaban componiendo canciones para el que sería el sucesor de tan gran obra. Las grabaciones y composición se alargarían entre diciembre de 1969 y enero de 1971, cosa que para aquella época era una barbaridad ya que los músicos de éxito se sacaban más o menos un disco por año. Todo ese tiempo sirvió para elaborar las canciones de este disco que hoy veremos y parte del contenido del siguiente, el clásico Exile on Main St. (1972). Y es que esta etapa en la que se encontraban los Rollings sería considerada la más potente musicalmente con los años y ya empezando por Beggars Banquet (1968). ¿Porqué es su mejor etapa? Pues debido a que en estos 4 discos iban a consolidar su estilo más distintivo con grandes clásicos. A diferencia de The Beatles, estos tipos eran más rockeros y Keith Richards era muy forofo de Chuck Berry (es decir, rock'n'roll en vena).

Otros dos factores determinantes para la banda en ese momento eran la salida de Decca Records para montar su discográfica a su manera y la entrada de Mick Taylor en la banda. Lo primero, les daría alas para hacer los discos a su manera, pero a la vez les dejaría un poco despojados ya que sin saberlo y por contrato les habían cedido los derechos de los discos de los 60 a su exmanager Allen Klein y a la discográfica ABKCO Records. Por otro lado, Mick Taylor sería un gran aporte a la banda enriqueciendo su sonido en la parte de guitarra. Ya había participado tímidamente en el anterior disco y aquí iba a desplegar todo su potencial solista. En resumidas cuentas tenemos a unos músicos de incalculable talento sumidos en una especie de bancarrota que con el tiempo se volvería más grave. En esos tiempos de adversidad ellos se plantearían temas bastante oscuros de los que hablar en sus canciones, simple y llanamente porqué formaban parte de su entorno y a la vez por su estado decadente como personas; lidiando adicciones, deudas, conflictos...

sábado, 23 de mayo de 2015

Crítica clásica: Unbreakable de Scorpions (2004)

Cuando uno se despista del camino que ha seguido siempre y que le ha dado éxito para experimentar, es normal que si la cosa falla, se quiera volver al punto de origen. En esa tesitura hay bandas que se nota que parecen que vuelven más por la pela que porqué se vean realmente preparados. El mes que viene os hablaré del caso Death Magnetic (2008) de Metallica en el que os haré entender lo que es hacer música decente con el piloto automático puesto y que no acaba tocando la fibra sensible. En la parte buena, están esas bandas que se toman muy muy en serio lo de volver y pegan un buen puñetazo en la mesa en lo que se refiere a hacer música de calidad. Para mi gusto el disco que hoy veremos de Scorpions fue un regreso en toda regla a la música de alto voltaje, al lustroso estilo que tenían a principios de los 90.

No me adelantaré más en acontecimientos y os presentaré un poco el periodo que estamos viendo. La primera mitad de la década de los 2000 era un tiempo en el que las modas estaban situadas en el nu metal y en temas alternativos. Slipknot mandaba y se unían al carro bandas como Disturbed, Avenged Sevenfold y System of a Down; el stoner de Queens of the Stone Age, el prog de Mastodon, lo alternativo de The White Stripes o la explosión comercial de Rammstein. Muy modernos quedaban estos nombres frente a unos ya arcaicos Scorpions que ya contaban 39 años de carrera musical. A parte otras bandas iban a hacer regresos musicales ese año muy destacables como Megadeth y su The System Has Failed (2004) o Marillion con Marbles (2004). Finalmente las bandas consolidadas como Foo Fighters, Tool o Dream Theater estaban fundiendo su estilo con los colores del nuevo milenio.

No citaré más peña porqué he querido sintetizar un momento muy intenso musicalmente y en el que la industria estaba pegando cambios a paso agigantado per el nuevo sistema comercial que se estaba viendo pateado por la piratería. O eras lo mas pop de lo pop o el millón de copias ni lo olías. Se había acabado la época de las ventas ultramillonarias y todo el mundo lo sabía y las discográficas temblaban al son de Black Eyed Peas y Coldplay para que no decayera el chiringuito. Y ni hablemos de sacar disco cada año por parte de las bandas. Ni los músicos más reconocidos parecían dispuestos a eso, ni la industria musical ponía mucho empeño en ello. De nuevo ¿que Metallica me saca un disco de nu metal normalillo, tirando a malo y no me saca nada en 5 años? Naada, seguiremos viviendo del Black Album (1991), que no para de vender y si el experimento de turno, llámale St. Anger (2003) vende 6 millones de copias pues le dedicamos una conga al disco.

Y ¿que era de los Scorps a principios de milenio? Pues digamos que estaban en un punto un tanto crítico después de haber sacado al mercado Eye II Eye (1999) y ver como algo en su fórmula no funcionaba. Se habían querido meter demasiado en las nuevas tendencias sin prestar atención al tipo de música que ellos saben hacer, ya que aunque no habían sacado un despropósito, esto no pegaba ni con cola industrial en su legendaria discografía. A la vez, ya no se tomaban con ninguna prisa el hacer un sucesor o sea que tal vez entraron en la nueva década (y milenio) con demasiadas dudas sobre el rumbo que estaban tomanso. Pero en 2003 un inesperado giro de los acontecimientos alejó a Ralph Rieckermann de la banda y hizo entrar a Pawel Maciwoda como bajista. Así se empezó a componer el que sería su siguiente álbum, el decimoquinto en su carrera.

martes, 28 de abril de 2015

Crítica clásica: Pure Instinct de Scorpions (1996)

Según que bandas tienen la suerte que los denominados "discos malos" de su carrera, terminan por ser simplemente los menos buenos. Pero no por ello dejan de ser trabajos con material decente para engrosar el catálogo de los artistas y hasta curiosamente lo peor de estas bandas llega a ser lo mejor que podría sacar alguna banda mediocre. Estos Scorpions que podían sacar discazos como Taken by Force (1977), Love at First Sting (1984) o Crazy World (1990), también podían elegantemente tropezar igual que cualquier otro ser humano con alguna piedra en el camino. Pero repito, tropezaron elegantemente.

En el caso de los alemanes que ya conocemos sobradamente su piedra digamos que fue el repetirse, el aprovechar demasiado el tirón, el hecho de estancarse sin renovar. Y aclaremos la papeleta amigos, uno puede quedarse parado en un sonido y generar música de calidad y vivirlo a tope y sin hacer una obra maestra, firmar un disco ciertamente divertido. Algo así si lo recordais paso con AC/DC y su disco Flick of the Switch (1983), que no renovaba y encima retrocedía en el sonido crudo de los 70, pero no dejaba de ser un disco ciertamente notable porque era primitivo, impulsivo y con grandes ideas. Pues con Scorpions digamos que pasó lo mismo durante los años 90, podían grabar canciones con potencial y garra que te hacían disfrutar el disco, pero claramente ya no era ningún impacto para el oyente habitual de la banda.

Ya os dije en la anterior entrega que con Crazy World (1990) firmaban su último disco clásico, el último que realmente podía decir con todas las de la ley que pulía su sonido y los elevaba al máximo estrellato. Las giras lo petaban, pero su siguiente movimiento discográfico tardaría 3 años y se apodaría Face the Heat (1993) y saltaron las dudas. Particularmente me parece un disco muy contundente, con un sonido muy moderno y ligado a esas guitarras espectaculares de bandas como Guns N' Roses, lo que pasa es que le faltaba un poco el brillo del disco anterior. Aunque todo rodaba a buen nivel, nada sonaba a clásico inmediato y parte de la crítica se ensañó con ellos. Era cuestión de gustos y aunque el anterior disco parecía aceptable, este disco a orejas de muchos puristas era simplemente demasiado y demasiado frío.

viernes, 10 de abril de 2015

Crítica clásica: Crazy World de Scorpions (1990)

Las personas tendemos a clasificar la vida de la gente y sobretodo la de los artistas por etapas: la de formación, la de evolución del estilo, la de consolidación, la decaída... tal vez alguna remontada y finalmente el retiro. Si ponemos la vista atrás hacia 1990, Scorpions estaba en un momento bastante dulce de su carrera musical, discos bien consolidados en los 80, un buen número de ventas, conciertos de gran formato. Dentro de lo que cabe (que es mucho) estos alemanes que habían ascendido poco a poco los escalones de la fama ya estaban arriba disfrutando de las vistas.

Su anterior disco, Savage Amusement (1988) se había colocado entre las 5 primeras posiciones en un Estados Unidos en el que Michael Jackson se estaba comiendo con patatas cualquier intento de despuntar más allá del número 2. Encima estamos hablando de unos alemanes, con lo cerraos que a veces son los estadounidenses, la cosa ya era muy loable. Entonces ¿que faltaba? Pues vender un poco más, que el mercado aún lo permitía. Pero siendo bien pensado, me imagino que lo que les movía era el hacer música y seguirse descubriendo como músicos 25 años después de su formación como banda. Por eso a finales de 1989 empezarían a trabajar en nuevos temas y con la nueva década los grabaron.

La formación seguía siendo la clásica con Klaus Meine entregando sus cuerdas vocales a la causa, Rudolf Schenker y Matthias Jabs componiendo y dándole a las seis cuerdas, Francis Bucholz en las cuatro cuerdas del bajo y Herman Rarebell tras los parches y componiendo. Lo único que cambiaba era el productor, ya que Dieter Dierks era reemplazado por Keith Olsen, que había intervenido en discos de Heart, Whitesnake, Ozzy Osbourne o en bandas sonoras muy exitosas como Flashdance o Footloose. Con ese cambio tal vez buscaban llegar al nivel de Aerosmith en producción y lograr enganchar más a un público que ya de por si era amplio. ¿Y porqué Aerosmith? Porqué con su disco Pump (1989) habían logrado colarse en el número 5 de las listas americanas y el 3 de las inglesas, vendiendo entre 8 y 9 millones de copias gracias a la mano divina que les había resucitado.

Otro tema a parte es lo de las baladitas ¡válgame! Con Aerosmith y Guns N' Roses las baladas rock estaban muy de moda y adivinad quien era cojonudo haciendo baladas, Scorpions. Entonces tenemos las cosas claras, para triunfar en aquellos tiempos con un disco de hard rock se tenía que ser rebelde, divertido, baladero, tener una producción muy límpia, ser épico hasta que te planten una estatua, saber ser pegadizo, tener una buena promoción, pensar más como un estratega que como un músico, hacer postureo en los programas de la tele,.. Scorpions tenían muchas de esas cosas en su mano, pero siempre he pensado que como músicos han sido más naturales y se han adaptado a cada época con los recursos que ellos mismos tenían, el mayor, su talento.

Scorpions, como siempre, preparados para la acción

miércoles, 1 de abril de 2015

Crítica: War of Kings de Europe (2015)

Hace casi dos años pude asistir a un estupendo concierto con la presencia de Def Leppard, Whitesnake y Europe. Mientras los primeros vivían de joyas del pasado, Whitesnake y sobretodo Europe, parecía que querían dar un paso en frente y decir: ¡A día de hoy también hacemos grandes canciones! Y dentro de lo que cabe no mentían. Pero es que se ha de admitir que esta banda que se la ha conocido por el hit de turno... ¡It's the Finaaaal...! (vale, vale, paro), siempre he pensado que tienen más música que no se le reivindica.

Digamos que esta banda tubo en su momento un debut muy parejo a Metallica, en el mismísimo 1983. Su álbum homonimo era una muestra de heavy y hasta speed metal que con canciones como Seven Doors Hotel aún me sabe levantar los pelos de la nuca y es que realmente estamos ante una banda de calidad. Con discos como Wings of Tomorrow (1984) o The Final Countdown (1986) se llevaron de calle los años 80, eso si tirando el timón hacia el glam metal. Pero fijaos que caprichosa es la vida que cuando en 1990 empezarían a grabar Prisoners in Paradise, un disco bastante bueno y muy parejo a lo que hacía Def Leppard, adivinad quien les dejaría tirados para el proyecto de grabar el disco para irse con Metallica, Bob Rock.

La mala suerte que hubo con el disco y que formaba parte de un movimiento básicamente caduco como el glam no lo salvo ni lo bueno que fuera el material. Europe durante algo así como 13 años vivió un poco de las rendas y los greatest hits, pero en 2004 redescubrieron que eran y son buenos músicos. Así empieza la actual etapa de la banda, con Start from the Dark (2004) cuando decidieron que querían empezar como una banda nueva, no como un espiritu venido de los 80. Le echaron pelotas al asunto y volvieron dignamente, cosa que les animó un par de años después a sacar Secret Society (2006) que demostraba que estaban en un buen estado de forma y que la formación de Joey Tempesta (cantante) merecía tirar adelante con un sonido más hard rockero.


Last Look of Eden (2009) y Bag of Bones (2012), han sabido mantener la mirada de los fans del rock duro en ellos. Y es que es de justicia que mantuvieran su estatus con una década que realmente han dedicado al trabajo musical y a mostrar que tienen guerra por dar. Por esa razón al ver anunciado el nuevo disco de la banda y ver la portada dije: ¡Coño! Esto parece una portada de es esas que se hacían en los 70 y 80 y me quedé muy expectante de lo que podría venir en su interior. A la vez, tengo un poco de emoción por saber si esta nueva etapa sigue en vigor y Europe puede decir con todas las de la ley que vuelve a brillar una estrella para ellos más allá de ¡....Countdooowwn! (ok, ara si que paro)

sábado, 28 de marzo de 2015

Crítica clásica: Love at First Sting de Scorpions (1984)

Si fuerais músicos ¿hasta que nivel os gustaría llegar de fama? Ser conocidos en vuestra ciudad, provincia, país... o por el contrario aspiráis a llegar a nivel continental o internacional. Otro cuento además es si queréis que sea en el ámbito que sea, se os conozca moderadamente o mucho. Muchos os preguntareis ¿y a que viene todo esto? Simple, esta era la situación en la que se encontraban los Scorps en este punto del cuento. Ya llevaban muchos años trabajándose con discos de alto nivel una considerable fama y por eso, los que se enganchaban con los nuevos discos en el carro de los alemanes, veían su bagaje. lo disfrutaban y ampliaban sus ventas.

Antes funcionaba así el mercado, requiriendo una mayor implicación del artista y paso por paso subir los peldaños de la fama y reconocimiento. Como podeis recordar, con Animal Magnetism (1980) ya dieron sus primeros pasos importantes en el mercado americano entrando en una posición honorable en las listas oficiales de éxitos. Pero había sido con Blackout (1982) que analizaré de aquí un tiempo, donde dieron el gran petardazo de ventas con disco muy muy sólido. Su próximo paso tenía que ser lo suficientemente bueno para conservar lo que había conseguido el disco anterior e incluso si cabe, aumentar las miras. Así que en 1983 junto a su productor de confianza, Dieter Dierks, se fueron al estudio de este en Alemania para grabar nada más y nada menos que su noveno álbum de estudio.

Como bien os dije ya, la formación de Animal Magnetism tendría una prolongación remarcable en el tiempo, hasta entrados los 90. Eso ayudaría a tener un equipo que avanzó su sonido, sin grandes salidas de campo ni divagaciones. A parte en la banda había 3 mentes creativas destacables: Rudolf Schenker en lo musical y Klaus Meine y Herman Rarebell en las letras. Siempre había funcionado así y estaba claro que ellos tres supieron crecer juntos como músicos y aprovechar su buen rollo con el resto de integrantes para dar buena forma a sus ideas. Porque lo tengo claro, hay bandas que en su segundo o tercer disco ya están tocadas de muerte por sus conflictos internos y el nivel decae, pero esas ansias de escalar y de ver que sería lo próximo tiró adelante con los ilusionados Scorpions.

Los machotes teutones vuelven a la carga

miércoles, 11 de marzo de 2015

Crítica clásica: Animal Magnetism de Scorpions (1980)

Cuando hago una crítica, procuro coger el disco que veis al inicio y desplegarlo hasta mostrar el "gran paisaje" que tiene, la "gran historia" detrás de él y por último, que nivel de calidad posee. Lo difícil es cuando te decides a hacer una especie de investigación a lo grande analizando el desarrollo de una banda. Porqué en este caso he tenido que ir más al detalle y ver como evoluciona la fórmula y sus músicos, ya que sería una tontería pensar que estos tíos seguían siendo exactamente iguales a los que vimos con Taken by Force.

Si claro, tenían el mismo carnet de identidad, más o menos la misma cara y seguramente no se habían olvidado de tocar las canciones que habíamos visto anteriormente. Pero todo evoluciona y si bien creo que con el disco anteriormente analizado tocaron un pico musical en su carrera, creo que de manera sutil reconducieron su sonido de manera muy inteligente para la nueva década. Los 80, iba a ser la década en la que el heavy metal se consolidaría hasta el punto de llegar a sus extremos más comerciales y entre los que sacaron provecho de eso, estaban Scorpions. Con eso no quiero decir que los alemanes se volvieran unos heavys de pura cepa, no, seguían haciendo hard rock (que es más suave que el heavy en letra y dureza), pero si querían meter alguna canción que se acercaba al metal, no ponían pegas.

Pero antes debo hacer una advertencia, el término metal en los 80 era menos purista y aunque hay muchos grupos heavys clásicos con todos sus principios, hay otros que como he dicho antes cogieron el sonido y "la pose" y las hicieron más accesibles. Por poner ejemplos claros del mismo año 1980, Judas Priest sacó al mercado British Steel, que los acercó al gran público. Accept publicó I'm a Rebel, un disco muy sólido, comercial y pegajoso (en el buen sentido). Iron Maiden sacaba su esplendido debut y Ace of Spades de Motörhead, Back in Black de AC/DC, Women and Children First de Van Halen o The Game de Queen, nos enseñaban a bandas en el cenit comercial de su carrera.

Ese fue sin duda un año revolucionario para el rock duro y Scorpions, que ya se veían rodeados de tanta superpotencia con grandes discos en grabación, fue de los primeros en sacar el suyo. Pero claro, eso es lo que ocurría mirando al exterior, pero en esa época se estaba solidificando la nueva formación que tenía la banda. Después de la marcha de Uli Jon Roth, se buscó un guitarrista que cubriera la plaza para el que sería su siguiente disco Lovedrive (1979) en el que tuvieron que escoger entre Michael Schenker (hermano del guitarrista líder de la banda y todo un portento) o Matthias Jabs. Eligieron a Schenker y despidieron a Jabs que les había hecho de sustituto de Jon Roth durante conciertos y grabaciones y la jugada les salió como el culo.

sábado, 7 de marzo de 2015

Crítica clásica: Led Zeppelin II de Led Zeppelin (1969)

A finales de los 60 la música popular estaba dando un vuelco. Los Beatles habían hecho del pop, uno de los géneros musicales más potentes de la industria (sino el que más). El rock progresivo había nacido de los anteriormente nombrados y de Pink Floyd, a través de la psicodelia. El hard rock daba sus primeras señas con Steppenwolf, Blue Cheer, Cream o Jimi Hendrix. Era una época muy liberal y con mucha afluencia del mundo hippie, pero no ausente de conflictos. La música vivía en ese caldo de cultivo cultural con festivales como Woodstock o el malogrado festival de Altamont (con una víctima mortal) que cerrarían una década revolucionaria.

La escena rockera y sobretodo la del hard rock estaba a punto de dar un gran estallido a las estrellas en la siguiente década, pero hubo un grupo que dio el pistoletazo de salida a este género, Led Zeppelin. Esta banda de Inglaterra empezó con la idea de hacer una formación renovada para The Yardbirds (banda histórica de rock de los 60) por parte de Jimmy Page y por diversos tejemanejes la formación acabó siendo la conocida en la actualidad: Robert Plant (voz), Jimmy Page (guitarra), John Paul Jones (bajo y teclados) y John Bonham (batería). Su primer trabajo como grupo fue en el disco Led Zeppelin (1969) que lo sacaron a la venta en enero. Para abril ya estaban sacando su primer trabajo como músicos de estudio en Three Week Hero (1969) para P.J. Proby y en octubre ya tenían en las estanterías el disco que hoy analizaremos.

Muchos os preguntareis ¿como puede ser que en un año hicieran tanto trabajo? Primero, porqué en esa época era lo habitual. Sacar un disco o dos cada año era algo que muchas bandas tenían que hacer para mantenerse en la cresta de la ola. Segundo, Led Zeppelin y sobretodo Jimmy Page hizo una especie de rescate de riffs de otras bandas segundonas, haciendo canciones nuevas pero de una forma que ni moralmente ni legalmente sería muy aceptable a día de hoy. Aclarado esto, sólo puedo añadir a esto último que en sus primeros discos estos tíos demostraron ser la mejor banda de covers que había parido la música y en sus composiciones demostraban ser muy, pero que muy destacables. Por esa razón ya en su primer disco levantaron muchas expectativas.

Led Zeppelin en 1969, destacable la cara de Jimmy Page, que con curiosidad
escucha otro riff que le podría servir para su próximo disco
Se habían colado con comodidad entre las 10 bandas más vendidas en las listas inglesas y americanas (evidentemente con el apoyo de Atlantic, su discográfica) y su debut, había supuesto una nueva visión en lo que daba de si el rock. Dieron paso con comodidad al "rock duro", poned las comillas que queráis, entre lo más valorado del momento haciendo que algo que daba de si alguna canción de éxito al año, pasara a ser el punto de referencia de muchos (entre otros Deep Purple). Por esa razón cuando en octubre de 1969 pusieron al mercado su segundo disco, podríamos decir que sacaron el "Porqué el hard rock va a partir la pana en el futuro Vol. 2". Este fue un disco que precipitó más las cosas y ahora entenderéis porqué...