Se cumplen 20 años de uno de los discos más controvertidos de banda de metal alguna. Y es que la posición de Metallica dentro del género era tan relevante hasta ese momento, que cada movimiento que la banda hiciese discográficamente era tomado muy en serio por la comunidad musical. Si bien con el álbum Metallica o Black Album (1991) se ponía un broche de oro a la época más brillante de esta banda, al mismo tiempo, se estaba dando paso a una nueva sonoridad más apegada a los años 90. Bob Rock, productor del álbum de ventas multimillonarias empujó a la banda liderada por Hetfield y Ulrich a rebajar la velocidad y trabajar en la contundencia. Si el resultado son canciones de gran factura como: Enter Sandman, Sad But True, Wherever I May Roam o Of Wolf and Man; pues podemos dar el experimento por un innegable éxito.
Pero ¿que ocurre cuando te relajas en los laureles? Pues que puedes pasar de liderar un cambio a simplemente dejarte llevar por las tendencias o finalmente, trabajar a rebufo de las mismas. 5 años sin sacar un disco para una banda como Metallica tenía que pasar necesariamente factura y además si como dirían los ingleses, haces un "twist" muy grave en el sonido reconocible de la banda, se pierde un poco de identidad y al mismo tiempo, a mucha gente que le enamoró ese carácter tan frontal, contundente y feroz de los primeros discos de la banda. Aún con esas premisas, no se puede negar que estamos ante unos compositores de buen nivel y sobretodo gracias al mínimo de calidad y carácter que ofrece James Hetfield a sus melodías. Es por eso necesario entender las dos facetas que aguardan al oyente ante este disco, destinado a ser en principio una obra doble junto a su hermano Reload (1997).
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martes, 13 de septiembre de 2016
miércoles, 6 de abril de 2016
Crítica clásica: Core de Stone Temple Pilots (1992)
Hacia 1992 todo el movimiento del Grunge estaba en plena vigencia. El año 1991 había sucedido con algunos de los mayores éxitos de sus bandas, como el ineludible Nevermind de Nirvana, Ten de Pearl Jam o el descarnado Badmotorfinger de Soundgarden. Tres discos con tres visiones distintas sobre lo que era esta corriente de músicos mayoritariamente procedentes de Seattle (EEUU). Pero no todo tenía porqué nacer de la misma ciudad o zona para ser del Grunge, ya que la crítica que hoy dirigimos no se podía alejar más del epicentro. Tanto nos alejamos, que debemos ir del norte del país yanqui hasta el sur-oeste, por California. Por lo tanto, el Grunge lo debemos ver más que como la realidad de un sitio, como un momento del rock duro en el que se usó sus estilos (hard rock, metal y sus vertientes alternativas) para transmitir una filosofía de vida muy esceptica con el progreso del mundo, muy marginada de la visión idílica de la vida, aparentemente alejado del modus vivendi tan playero y feliz de bandas como Aerosmith o Van Halen, que básicamente vivían de un rock duro ligado al glam, a las baladitas, al desfase y a las groupies enganchadas a los tobillos.
En su momento inicial el Grunge (mediados y finales de los 80) pertenecía a un entorno más desaliñado, con glamour 0 y con drogas y sexo más mundanos. No negaremos que cuando se popularizó las condiciones "mejoraron" pero en ningún caso se puede hablar del mismo estatus, ni tampoco el mismo mimo en cuidar de sus estrellas. Actualmente tres figuras capitales de esa corriente han perecido: Kurt Cobain (Nirvana, 1994), Layne Staley (Alice in Chains, 2002) y finalmente el entonces cantante de la banda que nos ocupa Scott Weiland (2015). Digamos que estamos ante un grupo de bandas en los que la vida disfuncional y tropezar con la misma piedra fue y en parte es su sentencia. Eso si, como este blog trata de exponer mi valoración sobre arte, me voy a permitir hacer una afirmación tajante sobre este disco: Core, sin duda, es el disco que más me gusta del Grunge. Desde el primer segundo y en la primera escucha supo captar mi atención; y sin considerarlo perfecto, es una de esas razones por las que me mola tanto la música del año en que nací.
En su momento inicial el Grunge (mediados y finales de los 80) pertenecía a un entorno más desaliñado, con glamour 0 y con drogas y sexo más mundanos. No negaremos que cuando se popularizó las condiciones "mejoraron" pero en ningún caso se puede hablar del mismo estatus, ni tampoco el mismo mimo en cuidar de sus estrellas. Actualmente tres figuras capitales de esa corriente han perecido: Kurt Cobain (Nirvana, 1994), Layne Staley (Alice in Chains, 2002) y finalmente el entonces cantante de la banda que nos ocupa Scott Weiland (2015). Digamos que estamos ante un grupo de bandas en los que la vida disfuncional y tropezar con la misma piedra fue y en parte es su sentencia. Eso si, como este blog trata de exponer mi valoración sobre arte, me voy a permitir hacer una afirmación tajante sobre este disco: Core, sin duda, es el disco que más me gusta del Grunge. Desde el primer segundo y en la primera escucha supo captar mi atención; y sin considerarlo perfecto, es una de esas razones por las que me mola tanto la música del año en que nací.
domingo, 14 de febrero de 2016
Crítica clásica: Mutter de Rammstein (2001)
Una de las bandas más importantes del mundillo metal en los últimos 20 años ha resultado ser una banda alemana con una fuerte influencia de la música industrial. Rammstein podría decirse que es la legítima heredera del papel vital de los alemanes en el rock duro tras Scorpions y Accept. Esa para nada es una afirmación gratuita, ya que se ha demostrado que su estilo hablaba para su generación igual que las dos respectivas bandas anteriores lo hicieron para sus décadas. A la vez hace falta entender en que contexto encontramos a Rammstein y que novedades nos trae.
Primero, nos debemos situar a mediados de los 90, cuando la moda estaba en todos aquellos corrientes musicales alternativos. El rock, el pop, el metal, incluso el folk existían de una forma un tanto peculiar y todas aquellas bandas que querían conservar las formas clásicas, pues quedaban apartadas del camino. El grunge estaba dejando atrás al hard rock tradicional; el metal industrial, el nu-metal, alternativo y el groove (Sepultura, Marilyn Manson, Faith No More, Korn o Pantera) tomaban el relevo de el metal convencional y melódico de los 80; el rock con electrónica era el nuevo boom (Nine Inch Nails, con los años Radiohead), la música pop se convirtió en un filtro donde se permitía todo gusto y estilo (Jamiroquai, Spice Girls, Backstreet Boys, Madonna, Take That...). En todo este batiburrillo había sitio de sobras para una banda como Rammstein, que sintetizaban un nuevo sonido para el rock duro alemán junto a otra importante banda alemana Oomph!
Hoy. vamos a analizar un momento ya avanzado de esta fase de transformación de la música. Es decir, vamos a saltar de golpe algunos peldaños de la carrera de Rammstein para ver como esa escena alternativa de los 90 pudo continuar o más bien, tener sus deseados frutos de los que se bebe hasta la actualidad. Era el año 2000 y ya había pasado mucho tiempo desde que la banda había saboreado las mieles del éxito con Sehnsucht (1997) y era hora de ofrecer un sucesor a ese disco. Toda la banda preparaba una seguidilla de canciones que continuaran con aquel sonido que los elevó a la fama a finales de los 90, pero con la feliz idea de implantar alguna novedad sonora. Eso, junto a las letras de Till Lindemann presagiaban un paso adelante en la carrera de la banda
Primero, nos debemos situar a mediados de los 90, cuando la moda estaba en todos aquellos corrientes musicales alternativos. El rock, el pop, el metal, incluso el folk existían de una forma un tanto peculiar y todas aquellas bandas que querían conservar las formas clásicas, pues quedaban apartadas del camino. El grunge estaba dejando atrás al hard rock tradicional; el metal industrial, el nu-metal, alternativo y el groove (Sepultura, Marilyn Manson, Faith No More, Korn o Pantera) tomaban el relevo de el metal convencional y melódico de los 80; el rock con electrónica era el nuevo boom (Nine Inch Nails, con los años Radiohead), la música pop se convirtió en un filtro donde se permitía todo gusto y estilo (Jamiroquai, Spice Girls, Backstreet Boys, Madonna, Take That...). En todo este batiburrillo había sitio de sobras para una banda como Rammstein, que sintetizaban un nuevo sonido para el rock duro alemán junto a otra importante banda alemana Oomph!
Hoy. vamos a analizar un momento ya avanzado de esta fase de transformación de la música. Es decir, vamos a saltar de golpe algunos peldaños de la carrera de Rammstein para ver como esa escena alternativa de los 90 pudo continuar o más bien, tener sus deseados frutos de los que se bebe hasta la actualidad. Era el año 2000 y ya había pasado mucho tiempo desde que la banda había saboreado las mieles del éxito con Sehnsucht (1997) y era hora de ofrecer un sucesor a ese disco. Toda la banda preparaba una seguidilla de canciones que continuaran con aquel sonido que los elevó a la fama a finales de los 90, pero con la feliz idea de implantar alguna novedad sonora. Eso, junto a las letras de Till Lindemann presagiaban un paso adelante en la carrera de la banda
martes, 5 de mayo de 2015
Crítica clásica: Angel Dust de Faith No More (1992)
El espiritu americano es muy grandilocuente y como nación siempre ha sentido una identidad muy fuerte, como si fuera la nueva tierra prometida. Evidentemente han habido siempre voces críticas de lo recalcitrante que resulta a ratos su gobierno y ciertas ideas que corren por su basto imperio. Pero la idea es esa, se ven y creen muy grandes como nación. En el terreno musical diría que pasó lo mismo en los 80 cuando mucha de la música importante cedió el testigo de Inglaterra a Estados Unidos. No es que las tierras británicas estuvieran faltas de grandes figuras, al contrario, pero ahora los que llevarían la batuta de las tendencias y sobretodo en el metal sería Estados Unidos con el thrash.
Que si, que Maiden, Priest o Sabbath eran estupendos por aquellos años y precisamente como seguidor de ellos, les doy todo el mérito por sus grandes discos. Pero a partir del año 83 el terreno americano fructiferó y sacaron su vena de primera potencia mundial. Pero como dice Goyo Jimenez, "tienen que ser la primera potencia mundial para todo" incluso para matar a su criatura y poner otra de más guay según las nuevas generaciones, el grunge. Aunque eso sería un burdo reduccionismo, la realidad es que la juventud parecía muy interesada en aquellos tiempos en la música alternativa, todo lo que reforzaba el carácter diferente y marginal era la moda. Por eso los preceptos de vida y música de Nirvana triunfaron, pero de nuevo, pensar que sólo ellos fueron los autores con letras mayúsculas de ese chillido de soledad y cambio americano sería una gilipollez.
A finales de los 80 digamos que bandas como Soundgarden ya experimentaban con un sonido oscuro, triste y furioso contra un mundo algo desubicado y desilusionante. Eran una especie de premonición venida de Seattle que prodigaba un metal o hard rock alternativo que se apartaba de la velocidad y la locura del thrash. Al mismo tiempo, otra banda estaba sacando provecho de que sus músicos eran de gustos dispares para crear un sonido alternativo al metal tradicional. Ellos durante sus primeros discos, tales como We Care a Lot (1985) o Introduce Yourself (1987) no eran conscientes de lo mucho que se marcaría a fuego su mezcla de metal con funky. Solo hace falta ver a Red Hot Chili Peppers en sus primeros años para entender lo que quiero decir. Estaban destinados a ser una banda muy grande pero había un elemento en ella que la limitaba alarmantemente y era su cantante Chuck Mosley.
Que si, que Maiden, Priest o Sabbath eran estupendos por aquellos años y precisamente como seguidor de ellos, les doy todo el mérito por sus grandes discos. Pero a partir del año 83 el terreno americano fructiferó y sacaron su vena de primera potencia mundial. Pero como dice Goyo Jimenez, "tienen que ser la primera potencia mundial para todo" incluso para matar a su criatura y poner otra de más guay según las nuevas generaciones, el grunge. Aunque eso sería un burdo reduccionismo, la realidad es que la juventud parecía muy interesada en aquellos tiempos en la música alternativa, todo lo que reforzaba el carácter diferente y marginal era la moda. Por eso los preceptos de vida y música de Nirvana triunfaron, pero de nuevo, pensar que sólo ellos fueron los autores con letras mayúsculas de ese chillido de soledad y cambio americano sería una gilipollez.
A finales de los 80 digamos que bandas como Soundgarden ya experimentaban con un sonido oscuro, triste y furioso contra un mundo algo desubicado y desilusionante. Eran una especie de premonición venida de Seattle que prodigaba un metal o hard rock alternativo que se apartaba de la velocidad y la locura del thrash. Al mismo tiempo, otra banda estaba sacando provecho de que sus músicos eran de gustos dispares para crear un sonido alternativo al metal tradicional. Ellos durante sus primeros discos, tales como We Care a Lot (1985) o Introduce Yourself (1987) no eran conscientes de lo mucho que se marcaría a fuego su mezcla de metal con funky. Solo hace falta ver a Red Hot Chili Peppers en sus primeros años para entender lo que quiero decir. Estaban destinados a ser una banda muy grande pero había un elemento en ella que la limitaba alarmantemente y era su cantante Chuck Mosley.
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