En la actualidad, mucha de la música de moda en los entornos más alternativos es la música quietista, oscura, densa, reflexiva. A veces estas tendencias se unifican, a veces no. Pero cabe admitir que aunque en la anterior década el post-punk dominaba como sonido de los subsuelos y no tan subsuelos musicales, en los 2010's, hasta las bandas con una fuerte marca rítmica han decidido calmar su fórmula y volverse más reflexivos e introspectivos. Me valdré de dos de mis bandas favoritas actuales para exponerlo. Por un lado, Vampire Weekend ha apagado un poco ese nervio tribal que había tras su música pop en Modern Vampires of the City (2013); por el otro, Arctic Monkeys en AM (2013) también han optado por alejarse un pelín más del post-punk revival y acercarse a un rock clásico y elegante, que aunque a ratos tiene un poco de garbo, se quieren acercar más a un estilo elegante y poético, con mucho sex appeal. Pero este cambio en la música se llevaba preparando desde años atrás y de forma muy paulatina. Sigur Rós en los 90 fue una de las bandas en iniciar este sonido y Radiohead le daría mucho bombo y reconocimiento también por aquellas fechas, experimentando con la electrónica. Y por poner un ejemplo más, no me puedo dejar a los escoceses Mogwai, que también desde los 90 popularizarían este estilo, teniendo una mayor eclosión popular en los años 2000.
El sonido del que se conoce como post-rock, parece haber inundado el mercado y afectado a según que bandas y estilos con mayor o menor influencia, pero en definitiva, ha sabido intervenir en el mapa sonoro actual. Al igual que Björk ha sabido afectar a la música alternativa actual, debemos entender que la música nórdica (Suecia, Dinamarca, Escocia, Finlandia e Islandia) tanto en rock, pop y heavy ha hecho reescribir las reglas del juego para lo que es la música de calidad hoy. Pero es que poca broma, si echamos la vista atrás podríamos hasta hacer memoria de ABBA y percatarnos que en las que consideramos las tierras glaciales, tienen un corazón musical que bombea más intensamente de lo que aparentemente se hace creer desde ciertos ámbitos de la música comercial anglo-estadounidense. Entonces muchos os preguntareis ¿que narices es este post-rock que tanto está afectando a la música actual? Pues podríamos considerarlo un género musical en ciernes que se fundamenta en los arreglos sinfónicos y ambientales de su música y en el que la importancia de las letras es muy variable.
domingo, 30 de agosto de 2015
jueves, 20 de agosto de 2015
Crítica clásica: Ommadawn de Mike Oldfield (1975)
Atención: Esta crítica es más breve debido a que es material rescatado de mi anterior blog. Igualmente considero que era recomendable rescatarla, ya que ha sabido mantener mis impresiones sobre el disco.
Pongámonos a principios de los 70, un momento especial para la música y grandes nombres inundaron esos años con hard rock, heavy, funky, pop... Aunque por algun lado había un grupo de cabezas pensantes que decidió jugar con sus recursos musicales, experimentar, hacer algo diferente, evolucionar sus conceptos y hacer de la música además de un arte (que lo es indiscutiblemente), un ecosistema que haga emerger sentimientos y nos sumerja en mundos paralelos y porqué no decirlo en la mente de los propios músicos. Uno de estos cabezas pensantes, fue un joven inglés bastante introvertido y misterioso llamado Mike Oldfield.
En sus precedentes más immediatos, Oldfield había creado dos discos de enorme calado como son Tubular Bells (1973) (¿recordais la música del Exorcista?) y Hergest Ridge (1974) que lo habían alzado como un músico muy prometedor en la escena del rock progressivo. Pero el seguía queriendo crear poniendo un espacio entre su obra y su fama, ya que como otros casos que conocemos, le gustaba crear música pero no el bochorno de las entrevistas o la farandula musical. Con esas ideas y con sus demonios interiores se fue a grabar en 1975 el que sería su nuevo trabajo, en su casa en la bonita llanura de Hergest Ridge.
Desde el primer momento se escucha una tocata de estilo medievalista, como de corte de palacio y según Oldfield es una música que salía de si mismo por las influencias de la música tradicional de su tierra. Pero fijaos como con los segundos de escucha, la melodía se oscurece y se vuelve tétrica. Mezcla la calma y la tormenta, es como uno de esos día donde se ven nubes de lluvia y brilla el Sol. Es una sensación rara ya que te atemoriza primero y luego es como si viniera una brisa que soplara al lado de la oreja y de pronto todo es placidez. Me gusta interpretar eso como los altos y los bajos que siente emocionalmente una persona.
En sus precedentes más immediatos, Oldfield había creado dos discos de enorme calado como son Tubular Bells (1973) (¿recordais la música del Exorcista?) y Hergest Ridge (1974) que lo habían alzado como un músico muy prometedor en la escena del rock progressivo. Pero el seguía queriendo crear poniendo un espacio entre su obra y su fama, ya que como otros casos que conocemos, le gustaba crear música pero no el bochorno de las entrevistas o la farandula musical. Con esas ideas y con sus demonios interiores se fue a grabar en 1975 el que sería su nuevo trabajo, en su casa en la bonita llanura de Hergest Ridge.
Desde el primer momento se escucha una tocata de estilo medievalista, como de corte de palacio y según Oldfield es una música que salía de si mismo por las influencias de la música tradicional de su tierra. Pero fijaos como con los segundos de escucha, la melodía se oscurece y se vuelve tétrica. Mezcla la calma y la tormenta, es como uno de esos día donde se ven nubes de lluvia y brilla el Sol. Es una sensación rara ya que te atemoriza primero y luego es como si viniera una brisa que soplara al lado de la oreja y de pronto todo es placidez. Me gusta interpretar eso como los altos y los bajos que siente emocionalmente una persona.
Crítica: Run the Jewels de Run the Jewels (2013)
El hip hop parece vivir un momento muy dulce de su existencia en estos últimos 3 años. Músicos como Kendrick Lamar o el regreso (y a la vez supuesta despedida) de Dr. Dre tras mas de una década sin publicar nada son buenas muestras. A la vez el bando blanco del género está Injury Reserve, que destaca con su tono humorístico y salido del tópico o incluso podemos recordar e incluir la figura de Eminem. Y es que la realidad, es que yo no me puedo considerar un fan del hip hop, todo y el gran respeto que me merece. Por esa razón, cuando abrí las puertas a estudiar el último disco de Kendrick Lamar, pensé en que tenía que dar un poco más de forma a esta nueva oleada de rap que tantos frutos está dando y aprovechar para ganar un poco mas de experiencia. Presentemos un poco a Run the Jewels para ver que nos ofrecen...
Este duo de raperos formado por Killer Mike (rapero de carrera destacada durante la década pasada) y El-P (El Producto, rapero y productor que desde finales de los 90 ha participado en diversos discos solistas y en grupo de culto), se conocieron en 2011 y desde el momento en el que se pusieron a colaborar en los álbumes solistas mutuos; R.A.P. Music (2012, Killer Mike) y Cancer 4 Cure (2012, El-P), parece que hubo muy buena química. De ese éxito nacería el proyecto de esta banda que en 2013 presentaría su primer disco. Antes que nada debo destacar que en este duo hay participación de los dos artistas de manera muy activa, pero mientras Killer Mike parece que aporta su rico simbolismo a las letras, El-P se encarga mas de la parte de produccion. Aunque no nos equivoquemos, también hace sus aportaciones líricas y musicales a la obra.
Tal como he leído en otras críticas de este disco, la intención era quitarse el estrés de componer de manera seria y buscar formas alternativas de presentar su música, de escribir sus letras, de plantearse un disco. De este tipo de actitudes, muchas veces nacen los discos mejor elaborados, los más rompedores o los que a la postre acaban teniendo una mayor identidad. Por esa razón me atraía traeros este disco a los gustosos y alienados del hip hop, para entender lo que es un disco diferente sea del género que sea. Por cierto, el nombre de la banda y del disco en si (y sacado de un tema del rapero LL Cool J llamado Cheesy Rat Blues), es como un concepto del rapero que le roba a otro rapero, es decir, el simbolismo de como ellos se han robado el rap para dominar por encima de los otros raperos. Este tipo de detalles me gustan, demuestran que la cultura del hip hop tiene un lenguaje propio que se ha formado en las canciones y entre raperos.
Este duo de raperos formado por Killer Mike (rapero de carrera destacada durante la década pasada) y El-P (El Producto, rapero y productor que desde finales de los 90 ha participado en diversos discos solistas y en grupo de culto), se conocieron en 2011 y desde el momento en el que se pusieron a colaborar en los álbumes solistas mutuos; R.A.P. Music (2012, Killer Mike) y Cancer 4 Cure (2012, El-P), parece que hubo muy buena química. De ese éxito nacería el proyecto de esta banda que en 2013 presentaría su primer disco. Antes que nada debo destacar que en este duo hay participación de los dos artistas de manera muy activa, pero mientras Killer Mike parece que aporta su rico simbolismo a las letras, El-P se encarga mas de la parte de produccion. Aunque no nos equivoquemos, también hace sus aportaciones líricas y musicales a la obra.
Tal como he leído en otras críticas de este disco, la intención era quitarse el estrés de componer de manera seria y buscar formas alternativas de presentar su música, de escribir sus letras, de plantearse un disco. De este tipo de actitudes, muchas veces nacen los discos mejor elaborados, los más rompedores o los que a la postre acaban teniendo una mayor identidad. Por esa razón me atraía traeros este disco a los gustosos y alienados del hip hop, para entender lo que es un disco diferente sea del género que sea. Por cierto, el nombre de la banda y del disco en si (y sacado de un tema del rapero LL Cool J llamado Cheesy Rat Blues), es como un concepto del rapero que le roba a otro rapero, es decir, el simbolismo de como ellos se han robado el rap para dominar por encima de los otros raperos. Este tipo de detalles me gustan, demuestran que la cultura del hip hop tiene un lenguaje propio que se ha formado en las canciones y entre raperos.
domingo, 16 de agosto de 2015
Crítica clásica: Metropolis Pt.2: Scenes from a Memory de Dream Theater (1999)
Atención: Esta crítica es más breve debido a que es material rescatado de mi anterior blog. Igualmente considero que era recomendable rescatarla, ya que ha sabido mantener mis impresiones sobre el disco.
Los precedentes inmediatos
El gran exponente fue Marillion, una banda inglesa que gracias a su poético cantante, Fish reviviría el progresivo con una nueva esencia y sabor rememorando un poco el sonido de Genesis de los 70. Así viviría y perduraría la segunda era del progresivo a lo largo de los 80, con su disco estandarte, Misplaced Childhood (1985) y que se prolonga hasta el disco Seasons End (1989), último disco de Marillion con su esencia clásica, aunque con un nuevo cantante, Steve Hogarth. Finales de los 80, una época en la que se empezó a gestar realmente la tercera era del progresivo, una era en la que se fusionaría con el heavy metal, que estaba en plena consolidación técnica y que da su primer paso firme con Seventh Son of a Seventh Son de Iron Maiden en 1988. Su gran banda, la que explotaría hasta la cúspide este nuevo periodo con su sonido no sería otra que Dream Theater y hoy toca dar un vistazo a la obra cumbre de esta tercera era del progresivo...
Crítica: Defensores de Proyecto Zeus (2013)
Hay bandas que desgraciadamente se quedaron en su época a un paso de llegar a la fama merecida y poder seguir con su trabajo creativo. El destino, aun así, es arbitrario y caprichoso, haciendo que grandes grupos pinchen por factores externos a ellos, falta de fe de las discográficas, poca aceptación en su entorno... Un muñón de las dos que hace la falta de fondos para poder hacer realidad un sueño. Zeus es un ejemplo perfecto de este hecho, de una banda que con calidad suficiente para convertirse en un mito musical en nuestras tierras, la falta de fe en ellos les hizo bajar del escenario tras sacar un debut muy prometedor llamado V en 1987. Pero 26 años después vuelven con su segundo álbum de estudio tras el nombre Proyecto Zeus en respeto a los viejos integrantes que no se han unido.La insignia original de Zeus era la de un heavy metal épico muy clásico, muy de vieja escuela con una cabalgada que sonaba a una mezcla entre Iron Maiden y Running Wild y les daba una música envidiable en su tiempo. Con los años digamos que la cosa ha cambiado y han regenerado su sonido hacia un heavy más musculoso sin perder el ingrediente que les da la salsa original, el cantante, Félix Bustillo.
Lo bueno es que aunque sus guitarras se han vuelto más gruesas , eso no significa que hayan perdido un ápice de gracia compositiva, tal vez porqué el disco es un mix entre canciones que en sus días de gloria no fueron publicados y otros que siendo actuales demuestran que queda mucha inspiración viva en esta reencarnación. Empezando por el conjunto de La Ira y Defensores del Rock, ambiente y música de batalla para abrir a lo grande.Los agudos a lo largo y ancho del disco están muy presentes, alguna vez hasta la saturación pero en otras vertebra las canciones. Como en Listo para Luchar que parece una canción sacada del mismo averno del que Judas Priest hizo Defenders of the Faith y Painkiller, con unas escalas absolutamente enfermizas colocadas de por medio. Han sido muchos años para oxidarse como banda, pero ni de coña. Y es que para este tema debemos remontarnos a 1983 (tal vez) de cuando se recuperan sus primeras grabaciones en televisión y que gran potencia demostraban por entonces.
Zeus - Listo para Luchar (En Vivo, 1980's)
miércoles, 12 de agosto de 2015
Crítica clásica: Presence de Led Zeppelin (1976)
Hay discos que cuentan tras ellos historias realmente accidentadas sobre sus músicos, momentos de cansancio, de rendición ante los males de la vida, de crisis, de supervivencia y de reflexión. Hasta a la banda más grande de los años 70 y una de las más potentes de la música popular contemporánea le podía ocurrir. Led Zeppelin estaba formada por humanos y era una banda de músicos con sus preocupaciones y problemas y seguramente hacia 1976, estos empezaron a aflorar más de lo que jamás hubieran deseado. Un año antes, Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham eran 4 tipos talentosos y afortunados que estaban sacando nada menos que su sexto álbum de estudio en 6 años. Y poca broma, no estamos hablando de un disco cualquiera; estamos hablando de Physical Graffiti (1975), un disco doble que los alzaba hasta el mismísimo Olimpo del rock. Cualquiera con dos dedos de frente los hubiera tomado por unos titanes, por seres superiores sin tara ni pecado.
Las cosas se tuercen
Pero en agosto de 1975, Plant sufrió un accidente de coche y tubo que permanecer en reposo durante una temporada. Ante esta situación Jimmy Page decidió que era un buen momento para grabar un nuevo disco, ya que como la gira se tenía que anular, al menos iban a sacar provecho de los meses de recuperación del virtuoso cantante. Entre la Isla de Jersey y Malibú, postrado en su silla de ruedas, Robert Plant iría preparando la letra de las nuevas canciones y a los pocos días Page y él darían forma a sus ideas con la mera voz y la guitarra. Con los conceptos listos, los dos marcharían al Hollywood SIR Studio para mostrar sus creaciones a John Paul Jones y a John Bonham, donde realizarían los ensayos pertinentes y se prepararían para ir a grabar a Munich las versiones definitivas. Este proceso sólo les llevó 18 días, cosa que sorprendió mucho a los que tomarían el relevo en esos estudios, The Rolling Stones. Los Glimmer Twins quedaron petrificados al darse cuenta que mientras en la elaboración de Presence sólo necesitaron unos meses para componer y días de grabar, ellos llevaban casi dos años para sacar su Black and Blue (1976).
Aunque las sesiones eran ágiles y no se andaban con chiquitas, Plant tenía dificultades de movilidad y tenía que ir arriba y abajo de los estudios en silla de ruedas. Para más inri el estudio estaba en el sótano de un hotel viejo y el cantante sufría de claustrofobia. Por otro lado, la velocidad con la que se registró todo, en gran parte fue debida a las jornadas de 18 o 20 horas que Jimmy Page se tiraba grabando sus pistas y overdubs de guitarra. Una labor titánica y más si nos planteamos las canciones que hay en el disco. Como bien fueron contando con los años, Presence fue el resultado de los nervios del momento, del trabajo en equipo de sus dos líderes y por último, del liderazgo en el estudio del guitarrista. Para ellos, el disco mostraba tensión e ilusión por partes iguales debido a todas las dificultades que arrastraba su preparación. Entonces ¿como es que a día de hoy es uno de sus discos más puestos en duda?
Las cosas se tuercen
Pero en agosto de 1975, Plant sufrió un accidente de coche y tubo que permanecer en reposo durante una temporada. Ante esta situación Jimmy Page decidió que era un buen momento para grabar un nuevo disco, ya que como la gira se tenía que anular, al menos iban a sacar provecho de los meses de recuperación del virtuoso cantante. Entre la Isla de Jersey y Malibú, postrado en su silla de ruedas, Robert Plant iría preparando la letra de las nuevas canciones y a los pocos días Page y él darían forma a sus ideas con la mera voz y la guitarra. Con los conceptos listos, los dos marcharían al Hollywood SIR Studio para mostrar sus creaciones a John Paul Jones y a John Bonham, donde realizarían los ensayos pertinentes y se prepararían para ir a grabar a Munich las versiones definitivas. Este proceso sólo les llevó 18 días, cosa que sorprendió mucho a los que tomarían el relevo en esos estudios, The Rolling Stones. Los Glimmer Twins quedaron petrificados al darse cuenta que mientras en la elaboración de Presence sólo necesitaron unos meses para componer y días de grabar, ellos llevaban casi dos años para sacar su Black and Blue (1976).
Aunque las sesiones eran ágiles y no se andaban con chiquitas, Plant tenía dificultades de movilidad y tenía que ir arriba y abajo de los estudios en silla de ruedas. Para más inri el estudio estaba en el sótano de un hotel viejo y el cantante sufría de claustrofobia. Por otro lado, la velocidad con la que se registró todo, en gran parte fue debida a las jornadas de 18 o 20 horas que Jimmy Page se tiraba grabando sus pistas y overdubs de guitarra. Una labor titánica y más si nos planteamos las canciones que hay en el disco. Como bien fueron contando con los años, Presence fue el resultado de los nervios del momento, del trabajo en equipo de sus dos líderes y por último, del liderazgo en el estudio del guitarrista. Para ellos, el disco mostraba tensión e ilusión por partes iguales debido a todas las dificultades que arrastraba su preparación. Entonces ¿como es que a día de hoy es uno de sus discos más puestos en duda?
martes, 11 de agosto de 2015
Crítica clásica: A Day at the Races de Queen (1976)
Me gustan esas ocasiones en las que tengo en mi mano reivindicar un disco maltratado por la crítica. Eso se debe a que muchas veces la incomprensión o los prejuicios han empujado a una obra a que fuera tachada o tratada como un "algo más" o una pieza inferior. Y tengo claro que tras el éxito que tubo Queen con A Night at the Opera en 1975, una gran parte de la crítica se les quiso poner en su contra incluso cuando demostraron que eran unos músicos de calidad. Por eso, cuando llevo años y años leyendo críticos que despotrican el disco que hoy veremos y en cambio fans enamorados de su contenido pienso ¿porqué estoy tardando tanto en decir la mía? Al menos así, desde este portal de internet tendréis una valoración más que leer y una opinión diferente para contrastar con vuestros gustos.
Un poco de contexto
Primero nos tenemos que situar en el contexto de 1976, momento en el que el punk ya empezaba a vislumbrarse como un movimiento del rock con mucho calado social. Era una década de crisis y este estilo de música reflejaba el espíritu de una nueva generación cansada del viejo orden mundial. Por aquellos años, Queen representaba justamente lo contrario, ya que tenían un sonido sofisticado y operístico, con mucho hard rock y elementos progresivos. Por lo tanto muchos de los defensores de el nuevo sonido más desaliñado y menos técnico, veían a la banda de Londres como una buena diana donde tirar sus dardos. En 1975 las cosas habían ido genial para la banda liderada por Freddie Mercury, ya que con su anterior disco y sobretodo con el tema Bohemian Rhapsody, habían logrado innovar usando fórmulas clásicas del rock, la ópera y toques de jazz. Por lo tanto, con su nuevo disco buscaban hacer una secuela de ese disco y ese sonido tan característico.
El proceso de grabación se alargó durante el verano y otoño de 1976, publicando su obra a las acaballas de ese mismo año. Entre otros rasgos curiosos, ya no estaba en los mandos el productor Roy Thomas Baker, siendo un disco producido por ellos mismos. Todo daba a indicar que habían aprendido bien las técnicas para obtener su sonido especial en estudio y hacer complejos arreglos en capas y capas de instrumentos y pistas vocales. Con todo grabado, decidieron darle un toque de continuidad al título del disco respecto al anterior, tomando el nombre de una película de los hermanos Marx. Lo que no sabían es que publicaciones inglesas como NME (muy defensora del punk) se la jugaría a Mercury, haciéndole una entrevista en la que se le presentaría como un pretencioso y acomodado cantante. Y es que el cantante estaba en aquel momento muy centrado en la música de ballet y tomaría una actitud furiosa y chulesca contra la crítica.
Un poco de contexto
Primero nos tenemos que situar en el contexto de 1976, momento en el que el punk ya empezaba a vislumbrarse como un movimiento del rock con mucho calado social. Era una década de crisis y este estilo de música reflejaba el espíritu de una nueva generación cansada del viejo orden mundial. Por aquellos años, Queen representaba justamente lo contrario, ya que tenían un sonido sofisticado y operístico, con mucho hard rock y elementos progresivos. Por lo tanto muchos de los defensores de el nuevo sonido más desaliñado y menos técnico, veían a la banda de Londres como una buena diana donde tirar sus dardos. En 1975 las cosas habían ido genial para la banda liderada por Freddie Mercury, ya que con su anterior disco y sobretodo con el tema Bohemian Rhapsody, habían logrado innovar usando fórmulas clásicas del rock, la ópera y toques de jazz. Por lo tanto, con su nuevo disco buscaban hacer una secuela de ese disco y ese sonido tan característico.
El proceso de grabación se alargó durante el verano y otoño de 1976, publicando su obra a las acaballas de ese mismo año. Entre otros rasgos curiosos, ya no estaba en los mandos el productor Roy Thomas Baker, siendo un disco producido por ellos mismos. Todo daba a indicar que habían aprendido bien las técnicas para obtener su sonido especial en estudio y hacer complejos arreglos en capas y capas de instrumentos y pistas vocales. Con todo grabado, decidieron darle un toque de continuidad al título del disco respecto al anterior, tomando el nombre de una película de los hermanos Marx. Lo que no sabían es que publicaciones inglesas como NME (muy defensora del punk) se la jugaría a Mercury, haciéndole una entrevista en la que se le presentaría como un pretencioso y acomodado cantante. Y es que el cantante estaba en aquel momento muy centrado en la música de ballet y tomaría una actitud furiosa y chulesca contra la crítica.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











