Toda banda mítica en esto de la música se puede decir que tiene su época dorada, su momento de gloria compositiva en el que parece que ninguna canción mala podría nacer de las mentes de ese equipo de personas. En algunas, ese periodo es más breve y en poco tiempo se empiezan a notar las costuras desgastadas de lo que antes eran tapices de complejo entramado. En otras, saben conservar su factor X durante alguna década para luego deshincharse y cada tiempo indeterminado saltar con algún recuerdo de aquello que les llevó las masas a su puerta. Pero hay veces en esta vida que el tiempo coloca a ciertos discos por debajo del radar y si bien todo fan recuerda la “era dorada” y la “formación clásica”, todo lo que sale de ahí parece un nivel opcional de un videojuego que mucha gente se salta.
Divine Intervention sin duda cae en esa categoría, ya que si bien he podido ver unas cuantas críticas a lo largo del tiempo hablando de él como un disco tapado, la realidad del mismo es bastante más compleja de contar. Para ello nos debemos situar en 1992, cuando el baterista Dave Lombardo (que llevaba con ellos desde la formación de la banda en 1981) abandona la agrupación debido al nacimiento de su primer hijo y a no poder estar en ciertas fechas clave. En ese momento es sustituido por Paul Bostaph (ex-baterista de la banda Forbidden) que tras un casting en el que sólo cometió un error tocando Angel of Death (¿hace falta recordar lo que es tocar una canción de Slayer con la batería?), fue aceptado y el baterista se comprometió a seguir incorporando en su estilo aquello que era clave en la ejecución de Lombardo.
Cuando en agosto de 1992 actuarían en el festival Monsters of Rock de Donington, Bostaph ya estaba perfectamente acoplado a las guitarras de Kerry King y Jeff Hanneman y a la voz y bajo de Tom Araya; el nuevo, estaba degustando la cresta de la ola de la banda. Pero paralelamente la escena del heavy metal estaba evolucionando bastante por entonces y las vertientes groove, alternativa/grunge, death y progresiva del género estaban al alza con bandas como Pantera, Soundgarden, Death, Alice in Chains, Dream Theater o Tool. Slayer estaba planteándose como enfocar su sonido ante las nuevas tendencias y a parte tenían a la discográfica American Recordings de Rick Rubin inquieta porqué no publicaban material de estudio nuevo desde el aclamado Seasons in the Abyss (1990).
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| Jeff Hanneman, Kerry King, Paul Bostaph y Tom Araya |













