Ha pasado ya tanto tiempo desde la última vez que viví la sensación que se tiene al publicarse un disco de Metallica, que básicamente creía que este proceso de creación del décimo disco de su carrera se postergaría hasta el infinito. Pero al final las dudas, más que las súplicas de los fans han hecho que la banda de un paso al frente con este disco que se ha preparado en estudio entre los años 2015 y 2016. Claro, Beyond Magnetic (2011) servía como una forma de aperitivo para aquellos seguidores de Metallica más impacientes por algo nuevo; pero siendo claros, esa obra estaba formada por descartes (algunos de muy notable calidad) de Death Magnetic (2008), aquella obra que se suponía que nos tenía que devolver a los estándares de calidad de los cinco primeros discos. Esa promesa ideal fue incumplida, pero por lo menos entregaron un disco digno de recuperar nuestra confianza y esperar que en la siguiente ocasión se reafirmara aún más este ascenso y se dejara atrás la desastrosa producción de Rick Rubin.
Me voy a ahorrar decir todo aquello con lo que han estado ocupados durante estos años sin publicar un disco de estudio ya que sacando mi vena más dura, considero que eran en mayor o menor medida pérdidas de tiempo que les alejaban de aquello que les tocaba: publicar discos con los que fueran llevando por una buena senda. Ahora en 2016 y en el mismo lapso de tiempo otras bandas del mundillo metal y más concretamente thrash, han tenido y aprovechado mejor su llama creativa: Megadeth sacando por lo menos dos discos de una calidad muy alta como Endgame (2009) y Dystopia (2016) entre otros un pelín menos acertada; Testament con The Formation of Damnation (2008), Dark Roots of Earth (2012) o su nuevo Brotherhood of the Snake (2016), han demostrado ser un ejemplo del buen hacer de la vieja guardia, y aún podríamos añadir a Overkill o Kreator en la ecuación. Si habláramos ya de las bandas nuevas como Vektor o Vader por poner dos ejemplos, la banda de Hetfield y Ulrich se queda en pañales entonces.

