Haber nacido en los 90 y tener veintipico años muchas veces hace que a nuestra generación se la considere la que estropeó las cosas con el tema de la música. Mucha gente de 30 y pico para arriba nos mira como los máximos promotores del reguetón más denigrante, la electrónica desposeída de todo encanto y del pop que ya no mira por su salud sino por su bolsillo. Y si, siento por mi interior algo parecido a la rabia y la pena cuando veo que las listas de éxitos están inundadas de canciones pedantes y tontas; y en cambio las buenas composiciones se quedan camufladas cuando realmente se lo han trabajado. Hoy por mi parte, os voy a enseñar una pequeña parcelita de lo que valdría la pena que dominara en nuestras discotecas actualmente.
Jamiroquai es de esas bandas que si fueran de las más vendidas actualmente, el mundo me parecería un sitio más decente. Un sonido que lo primero que me viene a la mente al escucharlo es: ¡Que guai me siento! Mis venas se inundan del groove de su música y no puedo evitar bailar sus pegajosos ritmos que están tan trabajados. Históricamente, fue de esas bandas que se marcó a fuego en los años 90 con una mezcla entre acid jazz y funk que arrasó en ventas. Su primer disco, Emergency on Planet Earth (1993) era una muy grata sorpresa musical que hizo que la figura de Jay Kay, con sus estrambóticos sombreros y su música muy rítmica se quedara clavada en las retinas y orejas del público. Lo más curioso, es que siendo una banda inglesa, caló más en Francia que en su país de origen, pero tengamos esto claro, los franceses han sido siempre muy amantes de la música de baile.
Al año siguiente, de nuevo lo mismo con The Return of the Space Cowboy (1994) que además de bien vendido, pulía el sonido en tema vocal y de bajo. Diría que a través de él, la figura del bajista Stuart Zender tomaría un estatus elevadísimo , por su técnica ágil y pseudo-improvisadora y el instrumento se volvería a poner de moda. Lleno de grandes canciones, este disco demostraba una banda con un increíble potencial que sólo necesitaba un empujón más para destacar. Y lo consiguió y encima por todo lo alto dos años después con Travelling Without Moving (1996). La música resultaba ser más potente, segura, elegante y orquestrada. Parecía que habían llegado al cenit de su sonido y eso se tradujo en el disco de funk más vendido de la historia. La gente se fundía en elogios hacia la obra de Jay Kay y su equipo de magníficos músicos. Pero entonces la que sería la cuarta entrega de la banda se retrasaría tres años por la larga gira que realizaron y las tensiones internas.

